sábado, 10 de julio de 2021

UNA PEQUEÑA SATISFACCIÓN.

 

      Buenos días. Hoy me introduzco en vuestras mañanas para compartir con vosotros una pequeña satisfacción. En 2019 participé en el concurso de relatos que organizaba la Asociación cultural “La plazuela de los carros” en la pequeña localidad de Torralbilla (Zaragoza). El certamen se falló en su día (no fui ninguno de los galardonados). Después de varios problemas y retrasos, incluida la dichosa pandemia, se disponen ahora a publicar una antología con una selección de los mejores textos a su juicio. Pues bien, esta semana se pusieron en contacto conmigo para pedirme permiso para publicar mi relato al haber sido seleccionado entre los treinta mejores en un concurso en el que participaban más de doscientos. Además, me enviarán 2 ejemplares de cortesía.
        A la espera de su publicación, os puedo adelantar que el título de mi relato es “Sandalio Suceso, el SS” y narra brevemente la historia de un soldado de la División Azul que regresó del frente ruso sin un brazo, que vive como un ermitaño en un bosque, y que subsiste del trueque de lo que caza y recolecta por artículos de primera necesidad en la cantina del pueblo (incluido el odre de arroba de vino), y con lo que sus paisanos le dejan en su bacía de barbero a la puerta de la iglesia, parte como limosna, parte como agradecimiento a las curiosas narraciones que hace sobre sus experiencias bélicas y que hacen las delicias de los niños.
        Feliz fin de semana.

jueves, 24 de junio de 2021

EL MOTÍN DE LOS GATOS.


 

 Buenos días. Hoy os invito a leer el último de los textos que envié al concurso de relatos de Hislibris (os dejo la versión original; la que presenté era algo más corta, quizá más cuidada pero me gusta menos, porque no expresa el esfuerzo global de la redacción primitiva, sobre todo en el preámbulo). En este caso traté de hacer una introducción sobre el hecho histórico, para situarlo, y luego intenté acomodar el lenguaje a la época (puede que os recuerde algo a las novelas del Capitán Alatriste, salvando las distancias literarias con el Maestro Pérez-Reverte, por supuesto). Tampoco gustó demasiado ni lo uno ni lo otro.
           Esta vez, una nueva conversación de taberna entre un jaque y su compadre exsoldado de los tercios nos acercará al conocimiento del “motín de los gatos”. Sucedió en Madrid en 1699... Espero que os ilustre sobre aquellos tiempos convulsos que precedieron a la Guerra de Sucesión a principios del S. XVIII.  
              Os deseo un ameno día de San Juan. Qué los hados os sean propicios.

 

EL MOTÍN DE LOS GATOS

domingo, 20 de junio de 2021

EL ILUSTRE TAFANARIO.

 

Museo del orinal de Ciudad Rodrigo.

         Buenos días. Hoy os abro la ventana a otro de los textos que presenté al concurso de relatos históricos de Hislibris, y que tampoco fue del agrado de los comentaristas y participantes (salvo algunas excepciones). En él quise escenificar el momento del comienzo de una fructífera relación, la del abate Alberoni y el duque de Vendôme. Y lo hice a través del conocimiento de una anécdota que recoge Carlos Fisas en uno de sus volúmenes de “Historias de la Historia”, que supongo que obtuvo de las Memorias del duque de Saint Simón, escritas entre 1739-1749. Traté de presentar un relato divertido sobre un tema escatológico del que hice una pequeña investigación que me sirvió para ambientarlo. Os dejo en el día en que se conocieron, en extrañas circunstancias”, el abate y el duque, y en cómo pudo ser ese “incómodo encuentro” y sus consecuencias. Aprovecho para recomendaros la curiosa visita que hicimos en Ciudad Rodrigo hace dos años, el Museo del Orinal.

 

EL ILUSTRE TAFANARIO


domingo, 13 de junio de 2021

DE CAPAS, CHAMBERGOS Y ESQUILACHES.

 


DE CAPAS, CHAMBERGOS Y ESQUILACHES.
 
       Les dejo el enlace a un relato ambientado en el momento en que se produjo el Motín de Esquilache, el 25 de marzo de 1766. En la taberna del Toro, en Madrid, se encuentran dos amigos, Tolo y Santiago, y comentan los hechos que sacuden a la capital de España. Atentos a la “Alfonsilla”, la mesonera…


domingo, 30 de mayo de 2021

LA ESTATUA DE BRONCE, DE LINDSEY DAVIS


      “La estatua de bronce”, de Lindsey Davis, es la segunda entrega de la larga saga ambientada en la Roma del s. I, siendo Emperador Vespasiano, y que protagoniza el ya célebre detective, Marco Didio Falco. Este libro es la continuación de “La plata de Britania” que ya reseñé(lo dejo enlazado por si alguien quiere consultarlo).
        Tras el breve e imposible romance con Helena Justina, Marco es contratado de nuevo por Vespasiano para investigar la muerte de un sacerdote en su templo en Roma. Para ello, el protagonista será enviado al sur de Italia para tratar de averiguar el paradero del principal sospechoso, el liberto Barnabas, antiguo esclavo de Atio Pertinax, exmarido de Helena Justina fallecido en la conspiración del libro anterior, quién, además, parece tener una especial inquina hacia el Falco.
     Marco tratará de ocultar sus pesquisas utilizando como tapadera unas supuestas vacaciones en compañía de su despierto y joven sobrino Lario, con el que se dedicará a vender los lingotes de plomo “extraviados” tras el desenlace de la anterior entrega de la saga, y de la familia al completo de su buen amigo Petronio Longo, guardia del Aventino.
      A lo largo de este azaroso periplo los protagonistas visitarán Caprae, Pompeya o Herculano, años antes de que se produjera la funesta erupción del Vesubio. La autora nos acercará a cómo pudo ser la vida de las gentes que habitaban aquella zona de Italia, desde las más humildes, hasta los senadores y políticos rurales que hacían fortuna y conspiraban esperando alcanzar el ansiado poder que les llevara a poder influir en la Roma imperial. Falco se paseará por los bajos fondos de los pequeños pueblos pesqueros a la vez que visitará las grandes Villae de los acaudalados jerarcas locales haciéndose pasar por comerciante de tuberías de plomo. 
        En esa trepidante búsqueda del liberto volverá a coincidir con Helena Justina que se aloja en la Villa de la Campania del ex cónsul y anciano Caprenio Marcelo, padre adoptivo de su exmarido fallecido Atio Pertinax, y hará frente a una peligrosa confabulación relacionada con el comercio del preciado grano que alimenta a la capital del Imperio.
        Ahora es el momento de leerlo si os apetece, así sabréis si Marco retoma su amor imposible con Helena Justina, y si saldrán todos airosos del acoso del pérfido y peligroso Barnabas, un hombre misterioso, inteligente y con recursos. El desenlace de la novela se producirá una vez nuestros protagonistas hayan vuelto a la Roma de Vespasiano.

domingo, 2 de mayo de 2021

LAS SIETE MARAVILLAS DE STEVEN SAYLOR.

 

      

       Últimamente, eso me parece a mí, quizá lo haya estado haciendo toda mi vida, me da la impresión de que voy dando palos de ciego con mis lecturas. Me siento como si buscara algo y no supiera el qué.
      En este caso he empezado otra saga que se desarrolla en la antigua Roma. El autor es Steven Saylor, y acabo de terminar el primero de los libros de la serie, “La siete maravillas”, protagonizado por el “sabueso Gordiano”, un detective (os sonará a los que hayáis tenido la paciencia de leerme, porque, a medio libro, es decir, la semana pasada, me dio por recordar esas siete maravillas de la antigüedad con mi Sara y publicarlo en el blog).
     Consultando la obra completa de Saylor, decidí comenzarla cronológicamente, no por orden de publicación. Parece ser que el autor, ya avanzada la saga, sintió la necesidad de contar cual había sido el primer viaje de Gordiano en compañía de su tutor, el poeta Antípatro de Sidón, porque a lo largo de sus libros lo menciona en varias ocasiones.
        El caso es que el texto nos desvela datos muy interesantes de esos monumentos y de cómo pudieron ser, gracias a la extensa documentación que maneja el escritor. El hilo narrativo va saltando de maravilla en maravilla en un viaje interesante e instructivo en el que un joven Gordiano irá manifestando sus grandes habilidades como investigador.
        La acción se desarrolla entre el 92 a.c. y el 90 a.c., y arranca en Roma, donde el padre de Gordiano, detective de profesión, organiza el viaje de su hijo y su maestro y educador, Antípatro de Sidón, dándose la extraña circunstancia de que éste último simula su propia muerte antes de partir, adoptando una nueva identidad, Zótico de Zeugma.
        La primera escala del viaje será Éfeso con el objetivo de visitar el magnífico Templo de Artemisa. Allí Gordiano comienza a descubrir sus grandes dotes, al resolver el misterioso asesinato de una joven, acaecido durante una procesión sagrada en honor a la diosa Artemisa.
        Después visitarán Halicarnaso donde admirarán su grandioso Mausoleo. Allí Gordiano conocerá a dos viudas sospechosas de asesinato y acabará averiguando el secreto que esconden.
        Continuando su viaje, acudirán a una Olimpiada y admirarán la majestuosa estatua de Zeus en Olimpia. Nuestro protagonista se verá envuelto en un nuevo misterio y demostrará la inocencia de un luchador griego acusado de asesinato.
        La cuarta escala es la única que no está relacionada con una de las siete maravillas. Antípatro y Gordiano se detienen unos días ante las ruinas de Corinto, arrasada hasta los cimientos por sublevarse contra Roma. Gordiano revelará la causa del horrible asesinato de un grupo de soldados turistas romanos en la taberna donde se alojan.
        Más tarde harán escala en Rodas donde contemplarán los restos del Coloso, arruinado por un gran terremoto, e investigarán la destrucción de un modelo de la magnífica estatua, hecho de escayola, hallado en una ciudad cercana.
        Luego viajarán a Babilonia donde acudirán ante las ruinas de los jardines colgantes y las de sus murallas, y visitarán un grandioso, aunque deteriorado y expoliado, Zigurat. En esa ciudad Gordiano hará frente un horripilante fantasma asesino, un lémur.
      Siguiendo su periplo, nuestros viajeros recalarán en Giza para contemplar las pirámides. Ambos entrarán en la gran pirámide de Keops, y Gordiano acabará por resolver el “enigma de la esfinge”.
        Para terminar, se instalarán en Alejandría, donde admirarán su ciudad, y su faro, la última de las siete maravillas. Será aquí donde Gordiano descubrirá el verdadero objetivo del viaje de su maestro. Nuestro protagonista decidirá permanecer en la capital ptolemaica sobreviviendo con el dinero que le ha enviado su padre y explotando sus habilidades en algunos trabajos. Finalmente, Gordiano comprará la octava maravilla del mundo, una bella esclava con muy mal carácter, Bethesda.
        Y eso es todo. El texto parece una mera excusa para contarnos como eran las siete maravillas, pero debe ponerse en valor relacionándolo con el resto de libros de la saga (espero que sea así a medida que los lea, si es que lo hago). De todos modos, se lee bien y entretiene con los misterios que resuelve el joven “sabueso Gordiano, además de que nos ilustra sobre la magnitud de aquellas siete maravillas de las que sólo una ha sobrevivido, la gran pirámide.

domingo, 25 de abril de 2021

PASEOS CON SARA. LAS SIETE MARAVILLAS DEL MUNDO ANTIGUO.

 


Confieso, con cierto temor, que hay días que no soy capaz de dejar de pensar en Sara. Esta mañana, mientras contemplaba un ventoso amanecer mediterráneo y diluía, parsimonioso, una pizca de miel en un aromático café removiendo, con inconsciente insistencia, la cucharilla en el vaso, perdía mi mirada en el horizonte montañoso tras mi atalaya y recordaba aquel día en Roma…
           Me había levantado temprano. Sara seguía en la cama; dormía plácidamente. Separé la cortina de la ventana para asomarme y contemplar como amanecía sobre los edificios. El monótono rumor de los coches circulando sobre el asfalto mojado de las calles tras una noche de lluvia se colaba a través del cristal salpicado de gotas de agua. Apoyando mis manos sobre el gélido alfeizar de mármol me introduje tras la cortina y recordé la poyata de mi ventana cuando era niño. El paisaje era muy diferente, el campo, el bosque y mi montaña, no estaban allí. Sólo se veían los anónimos tejados romanos desde la habitación del hotel, pero mi felicidad era muy parecida. El horizonte no me agradaba como el de mi niñez, pero había cambiado la cálida soledad de mi ventana y su magnífica y atrapante vista, por la fría visión de una maitinada italiana, pero con la excitante presencia de Sara…
        –¿Qué haces? –Sara se había despertado y se desperezaba mientras me miraba, mitad extrañada, mitad divertida.
        –Admiro la alborada romana, la gente mayor suele despertarse para maitines –contesté con tono melodramático, mientras me volvía y me enredaba torpemente con la cortina. Sara rio.
        –Anda. Vuelve a acostarte. Es pronto.
        –Eso es que tienes frío. Estoy cogiendo complejo de calefactor.
      –Eres mi bolsa de agua particular –Sara apartó la ropa de la cama para que yo me echara a su lado–. ¿En qué pensabas?
      –No sé… –contesté dubitativo–, en la infancia, en aquel paisaje de montaña, y en la octava maravilla del mundo antiguo.
        –¿Octava? Que yo recuerde eran siete.
      –Claro. Tú eres la número ocho, pero ellos… no lo saben –dije melindroso antes de inclinarme sobre ella y besarla suavemente.
        –Ha sonado algo cursi –me dijo sonriente al separar nuestros labios.
        –¿Hasta parecer untuoso?
        –Casi… aunque la dama agradece el halago a pesar de que le hayas llamado antigua. A propósito, seguro que no recuerdas cuales eran esas siete maravillas.
        –Contigo la vida es un continuo examen de conocimientos –dije aparentemente quejumbroso.
        –No seas bobo. Tú sacaste el tema –contestó apoyando su cabeza sobre mi pecho, mirándome juguetona, mientras se apartaba el pelo de su melena castaña por detrás de la oreja izquierda, en aquel gesto que me parecía tan gracioso.
        –De nuevo has conseguido “ponerme en un brete”. Estoy en aprietos, no cabe evasiva ni efugio –comenté con teatral pedantería.
        –Mira que te gustan las palabras raras.
       –Donde las dan, las toman. Tú me examinas, yo suelto palabras…digamos…inusuales. –Sara rio divertida.
        –Venga… las maravillas. –Ella me apremió.
     –Déjame pensar… –murmuré intentando ganar un poco de tiempo y poder así refrescar mi memoria, algo que dudaba que fuera posible del todo.
        –No es tan difícil. Deberías saberlo, lo estudiaste.
        –No sé si lo llegué a estudiar. Además, recuerda que soy muy viejo. De eso han pasado muchos años.
        –Es verdad –Sara rio de nuevo.
        –Veamos… Templo de Artemisa en Éfeso –comencé.
        –Bien. Ya te queda menos.
        –¿Menos? Menos guasa tía Tomasa. Sigo. La gran pirámide de Guiza, los jardines colgantes de Babilonia, el faro de Alejandría, el coloso de Rodas…
        –Te quedan dos.
        –Ya lo sé. Estoy haciendo la cuenta con los dedos de los pies, y se me acaban de terminar los del derecho.
        –¡Qué bobo! –dijo ella posando con calidez sus bellos ojos sobre los míos.
     –Estás haciendo trampas. Si me miras así me desconcentras, la sangre abandona el cerebro arrastrada irremisiblemente por la pasión, la lujuria y el deseo –afirmé pomposo inclinándome hacia ella y besándola de nuevo.
        –¿Estás ganando tiempo? –añadió cuando separé mi boca de la suya.
        –¿Se me ha notado mucho? ­–pregunté con gesto pueril.
        –Te quedan dos –insistió.
        –¿Puedo utilizar algún comodín?
        –En este concurso no hay comodines.
        –¿Pistas?
      –Depende de cómo te portes –comentó divertida mientras posaba su cabeza en mi pecho y me abrazaba.
        –No es justo. ¿Acaso le divierten a Venus las carencias de Apolo? -me pronuncié ampuloso
      –Eres un palabrero, un zalamero incorregible y algo mimoso, pero no ignorante. Hablando de dioses… El más grande de todos en la antigua Grecia y… ¿te gustan las olimpiadas? Te he dado dos pistas inmejorables. No te puedes quejar
        –¡Así se las ponían a Fernando VII! –exclamé iluminado–. La estatua de Zeus en Olimpia.
     –Ya sólo te queda una. ¿Por cierto, sabes de donde viene esa expresión que has usado sobre Fernando VII?
        –No comprendo cómo pueden caber tantas cosas en esa cabecita tan mona –añadí jocoso.
        –¡No seas tonteras! Se dice que el monarca jugaba mal al billar y sus contrincantes se lo ponían fácil para que hiciera carambola.
        –¿Le colocaban las bolas? –pregunté afectadamente.
        –La frase ha sonado fatal, pero sí. –Sara soltó una carcajada.
        –Bueno… me queda una maravilla.
        –Es una tumba –me sugirió escueta.
        –La tumba de Ciro el Grande en Pasargada.
        –No. Esa no es la maravilla que te queda. Te daré una pista. El personaje enterrado dio nombre al tipo de tumba.
     –Buena pista. No sé cómo no lo he recordado. El Mausoleo de Halicarnaso –dije algo decepcionado.
        –Es el paso del tiempo… Eres un vejete –Sara se incorporó, cogió su almohada y me golpeó la cabeza con ella–. ¿Quieres que sigamos con las siete maravillas?
        –De momento no… –simulé tristeza–.
        –¿Qué te pasa?
        –Nada –continué cortante.
        –¿Te ha molestado algo?
        Entonces, le agarré por sorpresa las dos muñecas, la tumbé boca arriba, me puse sobre ella y comencé a besarla en el cuello murmullando:
        –He pensado que ya que acabo de recordar el nombre de las siete maravillas del mundo antiguo es menester que conozca más íntimamente la octava, ya que ahora mismo yace subyugada por mi hercúlea fuerza. Además, hace ya un rato que la sangre abandonó mi cerebro. No pienso con claridad dominado por mis instintos más básicos... –declamé retozón mientras me humedecía los labios ostentosamente
        –¡Estás enfermo!¡Me haces cosquillas en el cuello! ¡Para!  –exclamó Sara mientras se le escapaba una carcajada nerviosa.
        –Es inútil resistirse. Me he empeñado en conocer toda la dimensión del monumento que me ocupa… –concluí serio mientras seguía besándola el cuello.
        Entonces, Sara se abandonó entre mis brazos, y dejó que mis particulares prospecciones arqueológicas siguieran su curso sobre aquella belleza irresistible e inteligente que el destino había cruzado en mi camino.
           Y hasta aquí puedo contar. Soy un caballero. 

lunes, 5 de abril de 2021

LA PLATA DE BRITANIA, DE LINDSEY DAVIS.

“La plata de Britania”, de Lindsey Davis, es la primera de una larga saga de veinte novelas ambientadas en la Roma del s. I. y protagonizada por el detective Marco Didio Falco. Es una buena y entretenida narración histórico-policíaca que presenta un razonable equilibrio entre misterio e investigación y verosimilitud histórica. El texto se sitúa en el convulso año que sucedió a la extinción de la dinastía Julio-Claudia con la muerte de Nerón en el año 68 d.c. en el que hubo hasta cuatro emperadores, Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano (este último fue quien finalmente se hizo con el poder dando paso a una nueva dinastía, la Flavia).
   Los personajes están bien definidos, sobre todo el principal protagonista, Marco Didio Falco, un detective que vive en un modesto apartamento en el popular barrio de Subura, un hombre inteligente, descarado, mordaz y cargado de deudas que malvive alquilando sus habilidades como investigador.
En cuanto a la trama, Marco se verá envuelto en una conspiración contra Vespasiano al tratar de proteger a una bella joven, Sosia Camilina que, conocedora del lugar donde se oculta una remesa de lingotes de plata imperial robados, es perseguida por dos sicarios. Marco no podrá evitar su muerte y será contratado por el tío de la joven, el senador Décimo Camilio Vero, para esclarecer los hechos, y por el propio Emperador Vespasiano, un hombre que se nos define como afable a la par que austero y tacaño, deseoso de descubrir lo que sucede con la plata.
Las investigaciones llevarán al protagonista a una mina imperial de Plata en la húmeda, fría e inhóspita Britania donde deberá infiltrarse como esclavo para tratar de descubrir quién y cómo está desviando parte de la producción, y la relación que esto tiene con la conspiración contra Vespasiano y la posible implicación de su hijo Domiciano. Allí, Marco conocerá a la arisca Helena Justina, altiva hija del senador Décimo Camilo Vero que le tratará con el desdén propio de su diferencia social, provocando entre ellos una antipatía y un rechazo que resulta muy entretenida para el lector.
Helena y Marco regresarán juntos a Roma, viaje que comenzará a cambiar la percepción que tienen el uno del otro. Una vez en la capital imperial, con las pruebas recabadas en Britania, el joven detective intentará desenmascarar la confabulación y encontrar al autor del asesinato de la bella Sosia Camilina, a la vez que descubrirá que la aversión que sentía por Helena Justina se ha ido convertido en un sentimiento muy diferente.
Si os animáis, creo que encontraréis muy entretenidas las pesquisas del peculiar detective imperial Marco Didio Falco. Feliz lunes de Pascua.

sábado, 3 de abril de 2021

PECADO, DE BENJAMIN BLACK

 

        “Pecado”, de Benjamin Black es, a mi juicio, una buena novela negra, que recibió en 2017 el XI premio RBA de novela policíaca.
        La narración está ambientada en Irlanda, en los años 50, en el condado de Wexford, y el hilo argumental gira en torno a la casa solariega de Ballyglass House, propiedad de una reputada familia aristocrática venida a menos, los Osborne, donde, en su biblioteca, aparece el cadáver del sacerdote católico Tom Lowless brutalmente asesinado (ha sido apuñalado en el cuello y luego castrado)
        Para investigar el caso es enviado desde Dublín el inspector Strafford, un policía que no lo parece, desgarbado, abstemio y protestante, en un país de abrumadora mayoría católica. Durante sus pesquisas recibirá el apoyo de su jefe, Hackett, y de su ayudante Jenkins, y también las fuertes presiones de la poderosa iglesia católica, especialmente las del temible e influyente arzobispo de Dublín, que trata de que el caso no salpique el prestigio y buen nombre de la institución.
        Desde un primer momento los personajes van surgiendo perfectamente definidos. En Ballyglass House, el coronel Osborne, militar retirado, es el patriarca, y se ha casado en segundas nupcias con una mujer mucho más joven, lánguida y enfermiza, Sylvia. Los hijos del primer matrimonio Osborne son Dominic, un estudiante de medicina sin vocación, y su rebelde y manipuladora hermana Lettie. Además, aparecerán en la trama otros personajes como Fonsey joven rudo, misterioso y solitario que vive en una caravana y que se encarga de los caballos del coronel, la sirvienta de la casa, la Sra. Duffy, o el doctor Hafner, al que apodan “el Boche”, que visita, con sospechosa asiduidad, a la que parece su “paciente predilecta”, la enfermiza Sra. Osborne.
        En la Gavilla de Cebada, la pensión donde se aloja Strafford, conoceremos personajes como Matty Moran, viejo y cotilla, Reck, el carnicero que junto a su esposa regenta el establecimiento, Freddie Harbison el hermano derrochador, bebedor y mujeriego de la débil señora Osborne, y a la voluptuosa Peggy, empleada de la pensión que hará las delicias del inspector regalándole una especial Nochebuena colándose furtivamente en su cama, arriesgándose a perder su puesto de trabajo. También tomará cierto protagonismo al final de la novela el sargento Radford, jefe local de la policía, un hombre alcohólico que ha perdido a un hijo Lawrence ahogado.
         El texto no presenta una trama complicada; es bastante lineal, fácil y atractiva de seguir. Me gusta como el autor define los lugares, ambientes, situaciones y personajes; ese paisaje nevado del invierno irlandés, el decadente y frío Ballyglass House, la atmósfera de la Gavilla de Cebada, una pensión de una localidad pequeña. Además, la novela aborda temas problemáticos, muy del momento, como pueden ser la división religiosa en Irlanda con esa mayoría católica, o a la marcada jerarquización social.
        Así que os dejo con las investigaciones de Strafford y con los misterios de la novela: ¿Cómo murió la primera Sra. Osborne? ¿Qué hay detrás de la preocupante desaparición de Jenkins, el ayudante del inspector Strafford? ¿Por qué le cortaron “los aparejos” al padre Lowless? ¿Por qué le preocupa tanto al arzobispo de Dublín la investigación? ¿Qué secretos esconden el Padre Lowless, Fonsey, Dominic o Lettie? Espero que os entretenga si os animáis.


domingo, 21 de marzo de 2021

LOS LOBOS DE PRAGA, DE BENJAMIN BLACK


 
        “Los lobos de Praga” de Benjamin Black es la novela que he leído este puente. Me picó la curiosidad tras ver una reseña en la web de Hislibris.
        Vamos al lío…
        Se trata de una novela histórica con claros tintes policíacos ambientada en la lúgubre y gélida Praga de finales del s. XVI en la que reina el emperador Rodolfo, de la familia de los Habsburgo, sobrino de Felipe II, un hombre débil y enfermo, propenso a drásticos cambios de humor, devoto católico, excéntrico, derrochador, coleccionista compulsivo, un gran mecenas, declarado amante de las artes y las ciencias, y también de la alquimia y de la astrología (se rodeó de magos, ocultistas, científicos… y muchos seudocientíficos que no resultaron ser más que charlatanes y timadores). Benjamin Black mezcla personajes históricos reales con otros ficticios (algo que aclara suficientemente y, a mi juicio, con acierto, al final del texto) perfilándolos con complejidad y detallismo.
        En cuanto a la acción, el principal protagonista es Christian Stern, joven y ambicioso alquimista y filósofo natural, hijo bastardo de un obispo, que viaja a Praga para hacer fortuna en la corte de Rodolfo II. La noche de su llegada a la ciudad se emborracha en compañía de un soldado y, perdido por las calles nevadas de Praga, llega al callejón del Oro donde tropieza con el cadáver ensangrentado de una bella y joven muchacha, elegantemente vestida, que luce un gran medallón en el pecho, y que presenta un gran corte en el cuello. Christian será detenido y encarcelado por orden del senescal Félix Wenzel, aunque pronto será liberado por el chambelán Philipp Lang con la mediación del propio Emperador, quien le encargará la investigación del asesinato; la joven era la nueva amante de Rodolfo II, Magdalena Kroll, la hija de su médico.
        Durante su investigación el protagonista deberá hacer frente a las intrigas familiares donde juegan un papel importante Caterina Sardo, amante oficial de Rodolfo II, su misterioso hijo D. Giulio, y el enano Jeppe Schenckel, y a las políticas, con dos bandos claramente diferenciados, el católico, donde militan el chambelán Philipp Lang y el nuncio del vaticano Girolamo Malaspina, y el luterano, capitaneado por el hermano del emperador, Matías, y su fiel servidor ,el senescal Félix Wenzel, con una participación menos relevante del médico de Rodolfo II, Ulrich Kroll, el ocultista Edward Kelly, y su hijastra la poetisa Elisabeth Weston.
        Christian llevará a cabo sus pesquisas con cierta torpeza, no deja de aclarar que él es alquimista, y vivirá algo parecido al amor platónico con Serafina, la inocente novicia que el nuncio pone a su servicio, y una turbulenta y peligrosa relación amorosa con Caterina Sardo mientras trata de desentrañar no sólo el misterio del asesinato de Magdalena Kroll, sino también el de su antiguo amante y prometido, Jan Madek, y su relación con la desaparición de una enigmática caja de la casa del médico del emperador que contiene comprometedores documentos para la Corona.
        ¿Logrará Christian sobrevivir a las intrigas familiares de la corte, a su temeraria relación con Caterina Sardo y a las luchas políticas? ¿Qué bando influirá más en sus decisiones? ¿Quién mató a la bella y ambiciosa Magdalena Kroll, y por qué? ¿Y a su engañado y rencoroso antiguo prometido? ¿Qué documentos contiene la caja que el despechado Madek se llevó de casa del Doctor Kroll? ¿Habrá más muertes?
        Espero que os guste, si es que os atrevéis…

domingo, 14 de marzo de 2021

TRAFALGAR, DE BENITO PÉREZ GALDÓS. (LOS EPISODIOS NACIONALES)


“Trafalgar”, de Benito Pérez Galdós, es el arranque de la primera de las cinco series que conforman la magna obra que conocemos como “Los episodios nacionales”, compuesta por 46 novelas.
 La leí antes que el “Cabo Trafalgar” de Pérez-Reverte. Son dos estilos totalmente diferentes, aunque tienen un enfoque parecido; ambas logran introducirnos en lo que fue aquella derrota frente a las costas del cabo Trafalgar de la mano de sus protagonistas (Reverte se inventa un navío que introduce en la batalla, y Galdós embarca a sus protagonistas en el buque insignia de la Armada Española, el “Santísima Trinidad”).
 El relato está narrado en primera persona y “en el ocaso de la existencia”, por Gabriel de Araceli, un muchacho gaditano que consigue salir del mundo de la picaresca, entrando a formar parte del servicio de un oficial de la marina en la reserva, D. Alonso Gutiérrez de Cisniega, de su esposa, Doña Francisca, y de su hija Rosita, joven y bella muchacha de la que se enamorará.
 Gabriel subirá a bordo del “Santísima Trinidad”, el navío más grande de su tiempo, junto a su amo, y en contra de los deseos de Doña Francisca (de hecho, ambos abandonan la casa familiar a hurtadillas mientras ella acude a misa). Les acompañará en su aventura, Marcial, un marinero tullido, amigo de D. Alonso. También se enrolarán para la lucha Rafael Malespina, Oficial de artillería y prometido de Doña Rosita, y su padre, D. José María Malespina, Coronel de artillería retirado, que hará las delicias del lector con sus continuas mentiras, exageraciones y fantasmadas (Galdós nos aporta una sutil pincelada de fino humor en medio de la tragedia de la guerra)
 En cuanto a los hechos históricos, Galdós introduce sus personajes entre los reales protagonistas de la historia, los centenares de marineros que perdieron la vida en aquella batalla, muchos reclutados a la fuerza y sin experiencia alguna, auténticos héroes, capitaneados por lo más granado de la Marina española, Gravina, Valdés, Alcalá Galiano, Churruca, o Álava. Parece ser que Galdós completo sus conocimientos sobre los acontecimientos gracias a sus conversaciones con un viejo marinero que vivió la batalla.
  Supongo que, por ignorancia literaria, me esperaba un texto más duro de leer. Me ha sorprendido Galdós con una narrativa elegante, intensa y muy entretenida. Se me ha desvelado también un Galdós antibelicista que pone en boca del joven Gabriel la idea de que los pueblos nunca se enfrentarían entre ellos si no fuera por los gobernantes que los guían.
      Me han llamado la atención varias cosas más:
    –El pueril idealismo de Gabriel, un niño que acude a la guerra con curiosidad e ilusión, que descubre el sentido de la palabra “patria”, y su cruel despertar a la realidad de la guerra (me parece especialmente interesante el momento en el que Gabriel asiste atónito a como los marineros esparcen arena por la superficie del barco con el objetivo de prevenir resbalones con la sangre derramada sobre la cubierta, ante la certeza de que se producirá una escabechina).
     –El fuerte sentido del deber de Don Alonso, débil y entrado en años, el de su amigo Marcial, el veterano marinero al que le falta una pierna, el de Rafael Malespina, incluso el de su embustero progenitor.
   –El profundo respeto de Galdós hacia los marinos ingleses y a su gran comandante, el Almirante Nelson, fallecido con honor en la batalla.
      –La atmósfera de fatalismo que envuelve el enfrentamiento militar desde sus prolegómenos. Galdós pone en boca del Brigadier Churruca el reconocimiento de la superioridad de la Armada Británica y la situación esperpéntica de la marina española, mal pagada y peor preparada y pertrechada. Además, nos relata el heroico sacrificio de algunos de nuestros comandantes como fue el caso del mismo Churruca, quien fuera un sabio admirado internacionalmente, cuando, mientras se batía con su navío, el San Juan Nepomuceno, contra seis buques británicos ordenó “clavar la bandera”, y que no se rindiera el barco hasta su muerte.
    En definitiva, el autor logrará, con gran verosimilitud, transportarnos en el tiempo, y llevarnos sobre las agitadas aguas de la costa gaditana aquella terrible jornada del 21 de octubre de 1805. Y lo haremos en un entorno maravilloso, a bordo del “Santísima Trinidad”, el orgullo de nuestra armada, él único navío de su tiempo con cuatro puentes y 140 cañones a bordo. Espero que os animéis y disfrutéis de su lectura.


domingo, 7 de marzo de 2021

CABO TRAFALGAR DE ARTURO PÉREZ-REVERTE.

 

      Ayer leí por segunda vez la novela de Arturo Pérez-Reverte, “Cabo Trafalgar”. Estaba a pocos capítulos de acabar el “Trafalgar” de Benito Pérez Galdós con el que arrancan los Episodios Nacionales, y me decidí por endilgarme ambas a la vez.
        Respecto a “Cabo Trafalgar”, de Pérez-Reverte… ”Nihil novum sub sole” (nada nuevo bajo el sol). El estilo narrativo del cartagenero nunca deja indiferente (a mí me suele divertir). Parece ser que la editorial le encargó la novela para conmemorar el 2º centenario de aquel famoso enfrentamiento, que supuso la derrota de la flota franco-hispana, al mando del incompetente almirante Villeneuve, a manos de la inglesa capitaneada con pericia por el almirante Nelson.
        Quien haya leído la novela corta de Reverte (para mí divertidísima) “La sombra del Águila”, reconocerá en “Trafalgar” su estilo ágil y directo, ese tono jocoso y mordaz con el que el autor nos acerca a la cruda realidad de la tragedia de la guerra a través de unos personajes que se perciben verídicos y cercanos. En este caso el autor embarca a sus protagonistas en una nave ficticia, el “Antilla”, aclara él mismo que es una licencia novelesca que le sirve para abordar el grueso de lo sucedido aquella jornada del 21 de octubre de 1805 con fidelidad gracias a una amplia documentación. Pérez-Reverte nos presentará los hechos de manera detallada y convincente con ese original lenguaje suyo llano, directo y fácilmente comprensible, con sus clásicas onomatopeyas sobre los ruidos de la batalla, tacos y palabras soeces, acudiendo a la jerga gaditana, y a la de los marineros ingleses y españoles, con desparpajo y gracia, aunque con cierto anacronismo.
        En cuanto a la narración, el autor nos relata desde el punto de vista hispano cómo transcurrió aquella fatídica jornada. Aprovecha para hacer una exposición de la situación política del momento, de la desastrosa alianza con la Francia de Napoleón, y de la superioridad militar y organizativa de la Armada Británica, a la vez que ensalza el valor y el patriotismo de los comandantes españoles (recordemos nombres como Gravina, Alcalá Galiano o Churruca), de su marinería mal preparada y pertrechada, y de los soldados de leva forzados a embarcar sin experiencia alguna; hombres que dejaron su vida frente al cabo Trafalgar batiéndose con honor.
        Así, frente a la historia real, el grueso de la acción novelada recae en el imaginario “Antilla” y su tripulación, especialmente en las decisiones militares del comandante Carlos de la Rocha asistido por el guardiamarina Ginés Falcó, y en las peripecias de Nicolas Marrajo, marinero enrolado a la fuerza por el teniente de fragata Ricardo Maqua.
        Para terminar, he de comentar que, si bien es verdad que el autor hace alarde de un profundo conocimiento del mundo de la navegación y la marina, puede que, a alguien profano (caso de servidor) quizá, en algunos momentos, le cueste seguir la narración entre tanto tecnicismo naval.

domingo, 28 de febrero de 2021

EL JUEZ HARBOTTLE, DE JOSEPH SHERIDAN LE FANU

 

      
      “El juez Harbottle” es uno más de los relatos góticos, de terror y misterio, de Joseph Sheridan Le Fanu, encuadrado dentro de “Los archivos del doctor Hesselius”. En él se narran los extraños hechos acaecidos en la casa encantada de Westminster, morada del juez Harbottle.
        Elijah Harbotle es un severo, cruel, y sarcástico juez de un tribunal común, que no muestra piedad alguna con sus reos; es conocido por su inclinación a dictar la pena de muerte. Su intervención en el juicio de Lewis Pyneweck, acusado de estafa será el hilo conductor de la narración. Se da el hecho de que el juez había acogido a la esposa e hija de ese mismo delincuente, después de que éste hubiera malgastado los bienes de su mujer, la hubiera maltratado y, finalmente, la hubiera echado de casa. El juez convierte a Flora Carwell, la esposa de Pyneweck, una mujer madura y hermosa, pero insolente y zafia, en su concubina, aunque oficialmente y, para guardar las apariencias, ejerza de ama de llaves.
        Harbottle recibe entonces la visita de un personaje extraño y aparentemente viejo y jorobado, que le avisa de una posible conspiración para juzgarlo por prevaricador. A pesar de esta singular visita, que el juez, después de mucho discurrir, atribuye al propio Pyneweck disfrazado, o algún familiar suyo que se le parece, se produce el juicio y la condena a muerte del estafador. Días después, el juez recibe unas cartas que ahondan en la supuesta conjura para procesarlo por malas prácticas.
        Una noche, a la salida del teatro, el juez Harbottle se queda dormido recostado en su coche de caballos mientras espera a unos amigos para irse de francachela. Es entonces cuando su mundo real se verá invadido por el de los sueños, y será allí donde sufra una aterradora captura, un despiadado juicio, y un cruel aherrojamiento. El juez padecerá el encuentro con varias figuras fantasmagóricas a las que él mismo condenara en su día, la de un excriado suyo al que despidió tras acusarlo de robo, y que había fallecido enfermo en la cárcel, contemplará su propio patíbulo, con el verdugo que sostiene la soga que rodeará su cuello, soportará la crueldad de un juez inmisericorde que le condenará a muerte y que resulta ser una visión deformada y espectral de él mismo, una figura que magnifica su falta de empatía con el reo, que duplica su tamaño convirtiéndola en más espantosa si cabe, y, finalmente, acabará condenado, abatido y derrotado en manos de unos extraños herreros, de fuerte complexión y grandes cabezas, que serán los encargados de ponerle los grilletes.
        Tras este sueño el juez se mostrará inquieto y desasosegado, lo que lleva a su médico a recomendarle descanso y retiro en un balneario. La noche antes de que la onírica sentencia a muerte se deba llevar a cabo, mientras se ultiman los preparativos de la partida del juez a su lugar de reposo, unas extrañas apariciones sobresaltan a los moradores de la casa encantada de Westminster, algo que ya no sólo afectará al juez, dado que su concubina, la hija de ésta, y una criada, las contemplan. ¿Será el juez Harbottle capaz de zafarse de la presencia de todos esos espectros? ¿Podrá hacer frente a esa imagen ampliada y cruel de sí mismo que no se puede quitar de la cabeza, y que le ha condenado a ser colgado por el cuello de una soga hasta la muerte?