miércoles, 10 de octubre de 2018

PACHUCHA TIRANDO A MAL DE ALFONSO USSÍA


      Acabo de leer el libro “Pachucha tirando a mal”, las nuevas aventuras del marqués de Sotoancho, de Alfonso Ussia y me he divertido. Ya desde la primera página, donde el autor nos define al protagonista como “pichafloja y tontorrón” “infeliz o zangolotino” el texto promete.
La narración comienza poniéndonos brevemente en antecedentes sobre las anteriores entregas de la saga, las aventuras y desventuras del marqués siempre bajo la lúgubre sombra de su original, conservadora e insoportable madre, la marquesa, y nos presenta, acertadamente, al resto de personajes que han participado en esta divertida serie.
        En este libro, el protagonista, Cristian Ildefonso Laus Deo María de la Regla Ximénez de Andrada y Belvís de los Gazules, Valeria del Guadalén y Hendings, (hay que reconocer que ya sólo leer el nombre puede provocar, al menos, una sonrisa), en contra de los designios de su insufrible progenitora, contrae nupcias con la hija de Lucas, el guarda de su finca, la Jaralera, mucho más joven que él, y que responde al plebeyo nombre de Marisol.
        La trama de esta nueva entrega girará principalmente en torno al feliz matrimonio y al sorpresivo, ajetreado y muy fértil embarazo de Marisol, y su continuo enfrentamiento con la antigua marquesa que queda relegada al título de marquesa viuda, después de que Susú (así llama su madre a Cristian) tome las riendas de la Jaralera (descubre y explota ciertas debilidades de su progenitora como son un oculto y escandaloso amorío de juventud, o su desmesurada afición a la bebida).
Los personajes secundarios toman también protagonismo al desarrollar tramas secundarias que Ussía liga con la principal con grandes dosis de humor. Así, Tomás, mayordomo y ayuda de cámara del marqués, su brazo derecho, vivirá una fugaz aventura con Flora, doncella en la Jaralera, mujer pretendida también por Pepillo el jardinero y por Lucas, el padre de Marisol, y examante del nuevo legionario y antiguo secuestrador de la marquesa viuda, “el cigala”.
Don Ignacio, el capellán glotón que vive muy bien a costa de los marqueses, sufrirá la transitoria demencia de la marquesa viuda tras una caída sufrida por ésta en un convento al que se había retirado por las ya nombradas desavenencias con su hijo y nuera (Se cree una niña; regresa mentalmente a la infancia y confunde al capellán con su primo “pototo” obligándole a jugar con ella a todas horas).
Además, Juan José, tío de Sotoancho, un viejo verderón y sinvergüenza de más de 90 años, vivirá una aventura amorosa con la bella Elena, una más en su dilatado curriculum sexual que incluye amantes, matrimonios y prostitutas, nueva doncella de la finca y maestra de la escuela, a pesar de haber 60 años de edad de diferencia entre ambos.
        No profundizo más por si alguien quiere leer lo que considero un divertido libro escrito por un maestro del humor y la ironía.

jueves, 16 de agosto de 2018

JAQUE A LA REINA MUERTA DE CARMEN GÜELL.


Esta semana he leído el libro “Jaque a la reina muerta” de Carmen Güell.  Se trata de una novela histórica que se adentra profundamente en la vida de Germana de Foix (1488-1536), probablemente una gran desconocida para muchos, por vivir en un lugar y tiempo donde las fuertes personalidades históricas, apabullantes algunas (Isabel la Católica, Fernando el Católico, Carlos V e Isabel de Portugal, Juana la Loca y Felipe el Hermoso…) han acaparado el protagonismo de los hechos, quedando siempre postergada a un segundo plano, y más cuando no pudo dar ese ansiado hijo a Fernando de Aragón; algo que pudo cambiar la historia de nuestras Españas.
La trama se distribuye en torno a cuatro capítulos que versan sobre las diferentes etapas de la vida de Germana de Foix; su niñez y adolescencia hasta su matrimonio con Fernando, su etapa como reina de Aragón con su fallida descendencia, su infeliz y desgraciado desposorio con el margrave de Brandemburgo y el duro ejercicio del cargo de Virreina de Valencia y, finalmente, su último matrimonio concertado con el duque de Calabria con el que llegó a tener una buena relación, y con el que compartirá el virreinato valenciano hasta su fallecimiento en 1536.
La novela está narrada en primera persona por la protagonista, Germana de Foix, en lo que podríamos definir como un repaso a su vida. La acción arranca en 1505 cuando Luis XII de Francia, tío de Germana, acuerda el matrimonio de ésta con Fernando el Católico, viudo desde hacía un año. La autora desmenuza la personalidad de la joven que comienza ya añorando su feliz juventud a pesar de su orfandad, antes incluso de haber partido hacia España. Germana nos muestra su miedo e inquietud ante el reto de haber sido nombrada la nueva esposa del todopoderoso rey de Aragón, su temor a la soledad tras tener que dejar atrás a los suyos, especialmente a su tía Ana, la reina de Francia y su hermano Gastón, y su inseparable obsesión y complejo ante la magnitud de la fuerte personalidad y arraigo popular que ostenta la persona a la que va a sustituir, Isabel de Castilla.
Su matrimonio, infeliz en lo personal, Fernando la triplica en edad, no tendrá como fruto un hijo que sobreviva, pero sí contribuirá a que Germana madure y acabe revelándose como una buena consorte, capaz de llevar a cabo las tareas de gobierno que su marido comparta con ella.
A la muerte de Fernando encontrará la dicha junto a su nietastro, Carlos V, con quien vivirá un intenso romance a pesar de ser 12 años mayor que él (el profesor Manuel Fernández Álvarez atribuyó en su día a este matrimonio el nacimiento de una niña “Isabel” por un apunte que hay en el testamento de Germana a su favor). La relación disparará los comentarios en la corte, por lo que se impuso la necesidad de acallar dimes y diretes, y de lavar el buen nombre del Emperador con lo que se acordó su matrimonio con Juan de Brandemburgo, un miembro del séquito de Carlos; Germana será nombrada virreina de Valencia momento en que tendrá que hacer frente a la rebelión de las germanías, demostrando dureza y capacidad para dominar la situación y ejercer el gobierno. Con la llegada de Isabel de Portugal, la bella futura emperatriz, para casarse con Carlos, la protagonista perderá toda esperanza de seguir junto a lo que la autora define como “el amor de su vida”.
Al poco de quedar viuda de nuevo, Carlos V ordenará su nuevo casamiento con el Duque de Calabria. Ambos serán nombrados Virreyes de Valencia, y continuarán con su labor enérgica contra los agermanados y también contra los moriscos. (Como dato curioso me gustaría apuntar que Germana se caso con un Fernando de Aragón dos veces, Fernando el Católico y el Duque de Calabria, ambos se llamaban así. No estaban emparentados, no debemos confundirlos. El duque de Calabria era hijo del Rey de Nápoles, Federico I). 
Germana, murió en Liria, en 1536, aquejada de hidropesía, probablemente debido a las consecuencias de la obesidad que padecía.
Es un libro de agradable lectura, y me ha parecido que con una buena y estudiada base histórica.

jueves, 9 de agosto de 2018

EL SECRETO DE PEGASO DE GREGG LOOMIS


     Langford Reilly es un ex agente de la CIA que ejerce de abogado en Atlanta. Tras sufrir la enfermedad y muerte de su amada esposa Dawn, vive dedicado a su trabajo apoyado por su secretaria Sara, y reconfortado por Francis, amigo y sacerdote, con el que comparte interesantes charlas principalmente en torno a su pasión, el conocimiento del latín.
        La vida del protagonista se verá dramáticamente perturbada por la fuerte conmoción que supone la noticia de la muerte de su hermana y sobrino, Janet y Jeff, víctimas de un incendio en su casa de París.
        Langford viaja a Francia y sospecha, desde un primer momento, que lo sucedido a su familia ha sido intencionado; que en realidad han sido asesinados. Por ello, en solitario, al margen de la investigación oficial de la policía, inicia sus averiguaciones.
        A su regreso a Atlanta, Langford descubre que su hermana había enviado a Estados Unidos un cuadro del S. XVII que había comprado recientemente, copia de uno de Poussin, pintura que incluye una enigmática filacteria escrita en latín. El protagonista sorprende a alguien que intenta hacerse con esa obra de arte y el implicado no duda en suicidarse, lo que evidencia el fuerte adoctrinamiento y fanatismo al que ha debido de ser sometido; similar al inoculado a miembros de alguna secta. Langford se verá comprometido, por tanto, en un primer fallecimiento.
        Sus investigaciones le llevarán de nuevo a Europa donde buscará el apoyo de varias amistades de su antiguo trabajo en la Agencia. La más importante, en lo personal y profesional, será Gurt, una rubia imponente, francotiradora experta y agente de la CIA en activo; también se reencontrará con Jacob, un ex-agente del Mossad israelí.
        Langford se verá involucrado en otra muerte en Londres tras tropezar de nuevo con dos miembros extremistas, que identifica ya como pertenecientes a una organización que se revela como heredera de los antiguos templarios. Además, averigua que, al parecer, el cuadro protagonista de la trama contiene un mapa oculto de una parte concreta del sur de Francia, que indicaría la localización de unos restos mortales cuyo hallazgo y publicidad podrían cambiar la historia del cristianismo. En su huida, el protagonista se verá obligado a buscar el amparo de una madame, Nellie, amiga del pasado, que regenta un prostíbulo de lujo y que le dará cobijo mientras es buscado tanto por la policía como por la poderosa organización que lo persigue.
        Siguiendo sus peligrosas pesquisas por varios países europeos, Lagford se enfrentará a la potente estructura templaria, con poder a escala mundial, financiada con el chantaje que, durante siglos, ha realizado al Vaticano; conocen la existencia y localización de esa tumba. El protagonista perseverará en su afán por desenmascarar a esa oscura organización, por  descubrir los secretos que oculta el cuadro, y por vengar la muerte de su hermana y sobrino.

jueves, 2 de agosto de 2018

SPINOLA. CAPITAN GENERAL DE LOS TERCIOS. DE OSTENDE A CASAL. DE JOSE IGNACIO BENAVIDES.



       Ambrosio Spinola fue uno de esos personajes excepcionales que participó en la construcción de nuestra historia. Es una lástima que gran parte de los españoles no sepan quién es. Quizá algunos lo recuerden de algún capítulo de la serie televisiva el Ministerio del Tiempo, de alguna mención en los libros de Reverte sobre el Capitán Alatriste, de alguna obra de Martínez Laínez o de José Javier Esparza (estudiosos de la época y de los tercios). A lo mejor, los más, han tropezado con el cuadro de Velázquez, la rendición de Breda, en el que nuestro protagonista recibe las llaves de la ciudad con magnanimidad de las manos del derrotado Justino de Nassau.
        A mí me parece imperdonable que nuestros jóvenes y niños, y no tan jóvenes y no tan niños, no conozcan nada sobre la vida de un personaje de nuestra historia tan importante e interesante, un hombre que vivió aquellos tiempos en los que España era aún dueña de un Imperio, dónde todavía palabras como honor, honra, prestigio, valor, lealtad, reputación o patria tenían un significado (habría que hacer un esfuerzo por darlas sentido en el país en que vivimos, lugar en el que triunfa sin pudor la ocurrencia y oportunidad política, y la indigencia moral e intelectual)
        En este libro, José Ignacio Benavides, abogado y diplomático, nos desmenuza la vida y obra de Ambrosio Spinola. Se trata de una biografía abordada desde diferentes vertientes: personal, política, diplomática y militar. El título del libro es suficientemente ilustrativo, “SPÍNOLA, CAPITAN GENERAL DE LOS TERCIOS. DE OSTENDE A CASAL”; y es que el texto se centra en los años de actividad del protagonista a las órdenes de la corona española, principalmente en Flandes; aunque también en Italia (1602-1630)
Recuerdo con cariño una buena conferencia de Juan José Luna en el Museo del Prado (y la recomiendo porque es un estupendo conferenciante, con un punto humorístico e irónico que hace que interese todo lo que cuenta), en la que habla mucho sobre Spinola y su familia a propósito de los cuadros de batallas que encargó Felipe IV para el flamante Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro que esperemos ver pronto recuperado con el nuevo proyecto que va a ponerlo en valor. Hay que reconocer que el mejor, con diferencia, de aquellos doce cuadros de batallas, de los que sólo se conservan 11, es el de Velázquez; La rendición de Breda, conocido coloquialmente como “Las Lanzas”, aunque allí lo que se ven no son lanzas, sino picas, las picas victoriosas de nuestros gloriosos tercios. (Velázquez probablemente conociera de primera mano el escenario de ese cuadro tras haber compartido viaje a Italia con su principal protagonista, Spinola, quien le pudo contar como fue la magna empresa de la toma de Breda)
Haciendo memoria, debemos saber que Spinola nació en Génova en 1569 en el seno de una de las familias poderosas de la ciudad, siempre en constante disputa con los Doria. El apellido Spinola parece ser que tiene su origen en la Edad Media, cuando sus antepasados se trajeron de Tierra Santa un trozo de la corona de espinas de Cristo, una espínula, como reliquia.
Su hermano Federico se inclinó en seguida por la carrera militar, mientras él se encargaba del manejo de las finanzas. Pero todo esto cambió súbitamente cuando, en 1602, Ambrosio decide pertrechar sus propias tropas para ponerlas a servicio de la corona española en Flandes. Y aquí comienza la transformación de un hombre de negocios en un militar de prestigio, aunque, en el fondo, su formación financiera siempre influyera sobre la castrense. Spinola se reveló como un gran organizador, un buen planificador y gestor, y un pragmático ejecutor; siempre procuró acometer los diferentes retos en el campo de batalla con la certeza de que podían ser factibles desde los puntos de vista económico y humano; no era amigo de aventuras, algo que agradaba a su tropa y redundaba en la fidelidad de los suyos.
A pesar de las muchas críticas recibidas desde España por no ser castellano, ni militar de formación, triunfó y se ganó la confianza de Felipe III. Fue su hombre fuerte en Flandes durante el gobierno del Archiduque Alberto e Isabel Clara Eugenia, hasta el punto de que llevó consigo las interesantes instrucciones secretas que en 1606 redactara el rey para que, en el caso de que fallecieron cualquiera de los dos miembros de la pareja de gobernadores sin descendencia, Flandes volviera a ser una posesión patrimonial de la monarquía hispana, por lo civil o lo militar , algo que al final sucedió sin más contratiempos tras la muerte del Archiduque Alberto en 1621, aquejado durante muchos años (no podía ser de otra manera) de la inseparable podagra de los Austrias.
Con el ascenso al trono de Felipe IV a la muerte de su padre, Spinola siguió prestando sus valiosos servicios a la monarquía, pero dando un giro a su anterior posición respecto al rey; se convertirá en el gran valedor, defensor y protector de la gobernadora Isabel Clara Eugenia, que siguió ejerciendo el cargo a petición de su sobrino, Felipe IV, hasta su fallecimiento en 1633.
A pesar de su ingenio, su talento y sus campañas victoriosas —ejemplos hay unos cuantos, pero merecen la pena ser destacados la toma de Ostende o la de Breda—, a pesar de haber recibido los más altos honores de la corona como fueron el ser nombrado Caballero de la Orden de Santiago, recibir el Toisón de Oro, el marquesado de los Balbases, o la Capitanía general de los tercios y la Comandancia del Ejército en Flandes, Spinola se enfrentó a muchas dificultades tanto personales (empeñó su fortuna al servicio de la corona e hizo frente a las desgraciadas muertes de su hermano y esposa), como en el ejercicio de su liderazgo militar, siempre luchando contra la incomprensión de Madrid y la debilidad de la hacienda de la corona, y contra la permanente escasez de tropas y la falta de recursos para mantenerlas, con los motines siempre sobrevolando el aire bélico de los Países Bajos.
El final de su vida se vería rodeado por la ingratitud de una España gobernada por el Conde-Duque de Olivares quien no le tenía ninguna simpatía. Su postrero viaje a Madrid en busca de los recursos necesarios para luchar en Flandes le sumieron en la enfermedad y en el desánimo ante los nulos avances de su gestión. Incluso tuvo el valor de negarse a regresar al mando de sus tropas si no era con unas garantías mínimas de poder llevarlas a la victoria en el campo de batalla. Finalmente fue destinado a Italia donde se vio involucrado en otro de los errores políticos de Olivares a propósito de la sucesión en Mantua.
La puntilla final puede que se la diera su propio hijo. Viejo, cansado, deprimido y humillado, conoció que, en un acto para él impensable e imperdonable, su vástago había huido rompiendo cincha del campo de batalla del puente de Cariñán, junto al resto de tropas españolas. No extraña que en su propio lecho de muerte pudiera decir: “me han arrebatado la honra, la reputación y la salud”. Murió en Castelnuevo Scrivia en 1630.
Jose Ignacio Benaviedes nos presenta un libro muy interesante, escrito y documentado por un apasionado y experto en aquella época. Con el tiempo será objeto de una segunda lectura más reposada que esta primera (es muy complejo el análisis de un conflicto como el Flandes, tan largo en el tiempo, al que se le sumó la endiabladamente complicada Guerra de los Treinta años), He leído un buen libro de historia, política y diplomacia, y he disfrutado del acercamiento a la personalidad de uno de nuestros grandes olvidados, Ambrosio Spinola, un magnífico Capitán General de los Tercios de Flandes.
¡Santiago, cierra España!

jueves, 26 de julio de 2018

LOS ARCOS DEL AGUA DE MONTSE BARDERI


       Lucio es un noble y arquitecto romano que vive retirado en su hermosa villa de Tarquinia, disfrutando de una existencia apartada y plácida. Hijo de un militar laureado enriquecido por las guerras de conquista, será instruido por Arístides, arquitecto y filósofo que se convirtió en su maestro, amigo y mentor.
        Pero esa cómoda vida se verá truncada al recibir la orden del Emperador de partir hacia Hispania para construir el acueducto de la ciudad de Segovia. El mandato imperial irá acompañado de la triste y fatídica noticia de la muerte de su maestro, Arístides, asesinado cruelmente. Ese sorpresivo nombramiento le será otorgado por su propio mentor quién, en el contrato firmado para la construcción del acueducto, incluyó una cláusula por la cual, si el fallecía, debería llevar a cabo la obra su discípulo, Lucio.
        Nuestro protagonista parte hacia Hispania apesadumbrado, pero decidido a continuar la labor de su maestro y a descubrir quién lo asesinó. Durante el trayecto conocerá a Leukón, enviado por su fallecido mentor para protegerle, antiguo esclavo manumitido por su amo, y se verá envuelto en un complot; alguien intenta matarle antes de llegar a su destino.  Ya en Segovia, Lucio se encuentra con un mundo que está evolucionando. La conquista y colonización romana están acabando con la sociedad comunal de los pueblos del interior como son los arévacos o vacceos; Roma está asimilando a las clases altas locales llevando a la miseria y la esclavitud a las clases bajas.
        Lucio tendrá que hacer frente a dos peligros. Por un lado, el comportamiento prepotente y endiosado de Tito, duunviro de la ciudad (en la práctica es quien tiene el poder, incluso por encima del gobernador, ya que éste viaja continuamente por todo el amplio territorio a su cargo) y del otro, una secta radical indígena muy peligrosa, la secta del sol.
        Lucio iniciará las obras del acueducto ayudándose de Zayin, que ya trabajaba para su maestro, y de Leukón, convertido en fiel colaborador y amigo. Además, conocerá el amor de la mano de Amal, una egipcia diferente, albina, inteligente y docta que le es entregada como esclava por su propio padre, avergonzado de su aspecto y que la ve como la causante de la muerte de su madre en el parto y de su propia desgracia (se vio marginado por su causa y obligado a emigrar de su hogar en Egipto). Amal, sola y perseguida por los prejuicios de la secta del sol, quedará bajo la protección del arquitecto.
        A lo largo de la narración, Lucio luchará por el amor que siente por Amal mientras intenta sobrevivir a la conspiración que urden contra él los mismos que asesinaron a su maestro; se sienten acosados por sus investigaciones. Además, deberá encauzar la magna obra de la construcción del acueducto entretanto que vive un auténtico debate interior entre los beneficios que el “progreso que Roma impone” a cada región conquistada, y la opresión y los cambios que la colonización llevan a los pueblos sometidos; un cambio radical a todos los niveles; político, social, económico y jurídico.
        Ha sido un paseo agradable por la Segovia romana, recordando en muchos momentos las estupendas visitas que hemos hecho a tan hermosa ciudad y a tan espléndida edificación. Deseando volver por allí, como siempre…

jueves, 19 de julio de 2018

EL SECRETO DEL INQUISIDOR DE CATHERINE JINKS




       El sur de Francia, especialmente la zona del Languedoc, fue durante la Edad Media un lugar donde los movimientos heréticos se extendieron con fuerza. Aquellas tierras vieron nacer y crecer corrientes religiosas como la cátara o la valdense.
La acción de la novela se sitúa en la ciudad de Narbona, en el año 1321, lugar y tiempo donde está produciéndose un resurgimiento herético; los llamados beguinos siguen las enseñanzas de San Francisco llevándolas hasta sus últimas consecuencias a espaldas del oficialismo de Roma.
Helié Bernier, alias Helié Seguier, reside en Narbona disfrutando de su nueva vida, ejerciendo el honorable oficio de fabricante de pergaminos. En su juventud, Helié había vivido con intensidad la doctrina cátara hasta que topó con el inquisidor de Toulouse, Bernard Gui, quien le convirtió en agente suyo como forma de redimir su sacrílego pecado. A esta labor se dedicaría durante años, a la de infiltrarse entre los herejes para luego delatarlos ante el tribunal de la Santa Inquisición.
         Pero, el inquisidor de Toulouse, Bernard Gui, encontrará al retirado y desaparecido Helié, y le conminará a que vuelva a trabajar para él; tendrá que hacerse pasar por beguino. El protagonista entrará en contacto con un grupo de herejes que se han hecho con las reliquias de Pierre Olivi, fraile franciscano inspirador de la doctrina beguina que clama por una vida en pobreza. (Sus reliquias en la historia real desaparecieron, surgiendo, con el tiempo, varias teorías sobre su paradero) Además, Helié deberá buscar la verdad sobre la desaparición del agente de la inquisición que le precediera en su labor, Jacques Bonet, y enfrentarse a los peligros que supone desenmascarar a quienes han proporcionado esas reliquias a los beguinos contraviniendo a la propia inquisición.
         Helié revivirá su pasado a través del joven Martín Moresi, su aprendiz, en el que observa muchas de sus propias cualidades. El joven Martín se verá involucrado peligrosamente, por culpa de su maestro, en el caso de los beguinos.
         La novela se desarrolla en torno a hechos y personajes reales (el propio inquisidor, Bernard Gui, es un ejemplo). La autora elucubra sobre el paradero de las reliquias de Pierre Olivi, y utiliza a protagonistas que de una u otra manera tuvieron algo que ver con el mundo herético y se relacionan con juicios o intervenciones de la inquisición, como es el caso de los beguinos que aparecen en el texto: Blaise Bouer, Bernard Banchi, Berengaria Donas, Imbert Rubei, Guillelma Roger, Guillaume Ademar o Pierre Espere-en-Dius, todos afectados por procesos inquisitoriales resueltos de diversas maneras.
         El libro nos acerca a ese mundo enigmático y clandestino de las herejías del Languedoc francés, en medio de la oscura, pertinaz y cruel actividad de los tribunales de la herética pravedad en la persecución y erradicación de todo apostasía y sacrilegio. No hay que olvidar que, un siglo antes, cátaros y valdenses fueron diezmados hasta extinguirse a raíz de la llamada a la cruzada de 1209 por parte del Papa Inocencio III.
El libro forma parte de la trilogía que Catherine Jinks dedicó al Inquisidor Bernard Gui. Lo que más me ha gustado es el tratamiento que la autora hace del personaje principal, Helié, dotándole de una capacidad de observación extraordinaria; describe de manera muy detallada y detectivesca escenas y personas.
Os dejo mi reseña con mis mejores deseos. Saludos.

jueves, 12 de julio de 2018

EL QUINTO EVANGELIO DE YVES JÉGO Y DENIS LÉPÉE




     Se trata de una buena novela histórica, a mi modesto juicio ambientada de manera excelente. La trama se desarrolla en Francia, en la segunda mitad del S. XVII, concretamente en el año 1661, año convulso de inestabilidad política e inquietud social.
La narración arranca con el robo de una importante documentación de la residencia del anciano y enfermo Cardenal Mazarino, padrino del joven Luis XIV, primer ministro todopoderoso que sucediera al no menos famoso Cardenal Richelieau, y que había dirigido la política en Francia hasta ese momento. Esos ansiados informes secretos, de ver la luz, podrían comprometer a la estructura del propio estado y la estabilidad de la monarquía, afectar al prestigio personal tanto de Mazarino como de la reina madre Ana de Austria, incluso, una parte de ellos, contienen las claves para la interpretación de unos manuscritos que, de ver la luz, cambiarían la faz del propio cristianismo.
Gabriel de Pontbriand, un joven comediante que trabaja para la compañía de Moliere halla por casualidad una carpeta con importantes documentos que ha perdido uno de los ladrones en su huida, y se ve involucrado directa y personalmente en las consecuencias de la conspiración al encontrar, en uno de ellos, la firma de su desaparecido padre, alguien a quien él recuerda únicamente de su temprana infancia.
La novela nos pasea las dichas y desdichas de Gabriel por la flamante corte del joven Rey Sol, por ese Paris lleno de intrigas, conspiraciones y ambiciones, en torno a la muerte del Cardenal Mazarino acaecida el 8 de marzo de 1661. Destacará en la narración su especial relación con la hermosa joven Louis de la Valiere (personaje histórico real), amiga de la infancia con la que se reencuentra en la capital del reino. Gabriel luchará por esos sentimientos que no son ya simple amistad, enfrentándolos a las ansias de promocionarse en la corte de la joven, hasta el punto de que llegará a convertirse en amante del propio Rey, encumbrada, sin duda, por su indiscutible belleza.
Tras el fallecimiento de Mazarino, Luis XIV comienza un gobierno personalista apartando a su propia madre de las decisiones de la corona. El Rey se verá asesorado por los líderes de las dos facciones políticas en lucha más influyentes; la capitaneada por Colbert (hombre que sirviera ya con eficacia a Mazarino) y la dirigida por el superintendente de finanzas Nicolas Fouquet. (Parte importante de la trama se desarrolla en el imponente recinto construido por Fouquet, el Chateau de Vaux le Vicomte, un lugar que pudo despertar cierto molestar por su magnificencia en el propio Rey Sol dada su  suntuosidad y belleza. Su extraordinario barroco nos ofrece su punto culmen en el Salon Oval y su cúpula, algo único. Dejo enlazado el recinto, es una maravilla)
La recta final de la novela escenifica el encumbramiento de una de esas facciones en detrimento de la otra, mezclándose en la trama con las actividades de la misteriosa secta milenaria depositaria de unos manuscritos cuyas claves desaparecieran en el robo inicial en la residencia de Mazarino y que cayeron en manos de Gabriel.
¿Logrará sobrevivir a todos los peligros que le acechan el joven Gabriel? ¿Conseguirá saber el porqué de la existencia de la firma de su padre en los documentos? ¿Logrará enamorar a Louis de la Valiere y alejarla de la vida cortesana y, sobre todo, del influyente lecho de Luis XIV? ¿Conseguirá la secta ancestral dar a conocer la verdadera esencia del cristianismo? ¿Quién ganará el mano a mano, Colbert o Fouquet?
Ha sido una agradable lectura. Espero que os sirva la reseña. Saludos.

jueves, 28 de junio de 2018

EL SECRETO DE CRISTO DE RONALD CUTLER




Josh Cohan es un arqueólogo americano que, viajando por Israel y guiado por un instinto o percepción especial, encuentra una vasija con un manuscrito que podría resultar ser un descubrimiento fascinante si la datación lo autentifica como escrito por el propio Jesucristo; podría cambiar la historia del cristianismo.
        El arqueólogo se pone en contacto con la AAI (Autoridad de Antigüedades de Israel) para comunicar el hallazgo, algo obligatorio para no incurrir en delito en ese país. Allí negociará su inclusión en el grupo de especialistas que se encargarán de investigar sobre el curioso y preciado descubrimiento; entre los miembros de este equipo están Moshe y su bella hija Danielle, de la que se enamorará el arqueólogo americano.
        La existencia del manuscrito despierta el interés de una organización secreta, los Guardianes, una secta extremista, peligrosa y violenta cuyo origen se remonta a la época de los primeros cristianos, que siguen unas enseñanzas supuestamente próximas a San Pablo. Ellos intentarán hacerse con el manuscrito y no dudarán para ello en recurrir al secuestro, la extorsión y al asesinato.
        La historia transcurre por tanto entre el deseo del protagonista por llevar a buen puerto su investigación y dar a conocer el contenido de su hallazgo y la lucha que mantiene por proteger a su amada y por mantener fuera del alcance de los Guardianes su hallazgo
        La narración se desarrolla en Jerusalén y sus alrededores. Al autor ha ambientado la novela en el Israel actual, lugar de donde se mezclan culturas y se suceden conflictos desde épocas inmemoriales. Además, parece conocer bien la ciudad y sus alrededores, sus monumentos y edificios.
        Desde que junto palabras con cierto sentido literario, me gusta leer y fijarme en la verosimilitud de los hechos. En esta novela hay varias cosas que me han resultado chocantes cuanto menos. Por ejemplo, que Danielle, vigilada y custodiada por la seguridad israelí abandone un piso franco, aunque sea con guardaespaldas, para dar un paseo e ir de compras lo que propicia que la vuelvan a secuestrar (creo que es impensable un fallo de seguridad de ese calibre), o que el protagonista salga a correr y haga una especie de visita turística a diferentes monumentos cercanos a Jerusalén en busca de la fuerza interior para acometer el tramo final de la historia, sabiéndose vigilado. Parece una forma poco normal de proceder para una persona que vive un momento crítico y peligroso de su vida; esta parte parece más un alarde del autor sobre el conocimiento de los lugares que pisa el protagonista que otra cosa. 
        Salvo estos pequeños detalles es un libro que se lee fácil. La acción se sucede construida en torno a capítulos de corta duración que lo hacen ameno y fluido.
       

jueves, 21 de junio de 2018

EL CAPITÁN ALATRISTE DE ARTURO Y CARLOTA PÉREZ-REVERTE



       Este libro es un clásico entre mis clásicos de ahora, como en su día lo fueron los libros de guerra de Sven Hassel o las sagas sobre el Egipto de los faraones de Christian Jacq. Confieso que en esas temporadas en las que no hallo el camino de la creación, me aburro más de lo habitual o no encuentro sentido a aquellos quehaceres que me aportan algo en la anodina y monótona normalidad de la vida, busco refugio en lecturas como las de Alatriste. Tengo la colección entera desde hace tiempo y la releo como lo hago con “la sombra del águila”; son libros de Pérez-Reverte que admiro, que me siguen divirtiendo a pasar de que los he abierto muchas veces para devorarlos, pero es que la forma de llevar la narración, la época en la que transcurren y el especial vocabulario de la España de aquel tiempo que con tanta maestría utiliza el autor forman un conjunto que me fascina; reconozco que me provocan verdadera envidia y me acomplejan, en cierto modo, literariamente hablando.
        El capitán Alatriste es el primero de la saga sobre la vida del veterano de los tercios de Flandes; inmenso, ilustre y ya inmortal personaje creado por Reverte. La historia está narrada por Íñigo Balboa, hijo de un soldado fallecido en Flandes y camarada de Diego Alatriste, quien comparte las aventuras y desventuras de su mentor. Este primer volumen está ambientado en el Madrid de Felipe IV, en el momento que ocurrió un hecho real como fue la llegada a la ciudad, sin previo aviso, de Carlos I de Inglaterra (heredero al trono inglés) y el Duque de Buckingham. Los movimientos de la corte a este respecto y las luchas palaciega se trasladarán a la calle de manos de los protagonistas creando con maestría una mezcla de situaciones que resultan emocionantes y verosímiles.
A los citados personajes históricos ingleses se les suman otros como el Rey Felipe IV, el Conde-Duque de Olivares, Francisco de Quevedo o Lope de Vega. Redondea la narración la riqueza de personajes novelescos que van encajando en esa trepidante aventura como el Conde de Guadalmedina, Luis de Alquézar y su sobrina Angélica de Alquézar, de cuya pueril hermosura se enamora el joven narrador de la historia, el malévolo inquisidor dominico Fray Emilio Bocanegra o el sicario espadachín italiano Gualterio Malatesta.
El Madrid intrigante y traicionero de la corte y el peligroso, sucio y bullicioso de sus calles suavizan su tono en el interior de la Taberna del Turco, lo hacen más amable. Es allí donde nuestros protagonistas comparten mesa, tertulias y aventuras con actores secundarios sencillos, entrañables, leales, cercanos y repletos de valores (a su manera)  como Caridad la Lebrijana, que regenta el local y tiene una relación con nuestro protagonista, el alguacil Martín Saldaña, el licenciado Calzas, Juan Vicuña, El dómine Pérez o el Tuerto Fadrique. Todos estos personajes secundarios aportarán su granito de arena a un relato que gira en torno al gran protagonista de la saga, Diego Alatriste. Creo que es difícil perfilar la sicología de un personaje con tanta precisión como lo hace Reverte, dibujando al hombre, al espadachín de alquiler, al soldado y amigo leal, y al hombre franco, duro, fiel, con sus particulares conceptos de honor, honra o justicia llevados hasta las últimas consecuencias.
Para finalizar os quiero recomendar el discurso que Pérez Reverte leyó cuando entró en la Real Academia de la Lengua sobre “El habla del Bravo del S. XVII”, un estupendo estudio sobre la lengua de germanías que tanto utilizó para ambientar esta saga. Os lo dejo enlazado, por si os interesa.
Hoy me despido como lo haría, con cierta urgencia, un veterano soldado de los gloriosos tercios, o un bravo y valentón cualquiera de aquella época que tiene que salir por piernas…
Amigos… las afufo, ¡Peñas y buen tiempo!

viernes, 15 de junio de 2018

LA SANGRE DE LOS CRUCIFICADOS DE FÉLIX G. MODROÑO.

        La novela está ambientada en la España del último Austria, Carlos II (finales del S. XVII). La trama arranca en el momento en el que el Obispo de Zamora manda llamar al noble, médico, erudito y pseudo-detective, D. Fernando de Zúñiga, para que investigue un asesinato. La peculiaridad que presenta el homicida es que ha tomado como modelo para el rostro de un crucificado de madera, el semblante de su víctima en el momento de su agonía. D. Fernando inicia la búsqueda del autor del crimen junto a Pelayo, criado del Obispo, una aventura que les conducirá sobre la pista de un escultor portugués, hombre atormentado por el pasado de su familia, que al parecer ha ido dejando su sello de artista en diferentes crucificados con sus correspondientes muertes violentas, lo que les obligará a seguir su rastro en diferentes ciudades como Salamanca, Madrid o Sevilla. En Madrid recibirá el apoyo personal de la reina viuda Doña Mariana con la que guarda un gran secreto, como médico real, sobre su hijo, el rey Carlos II. Los sentimientos de la reina viuda chocarán con los de D. Fernando y sus tristezas y añoranzas; su vida quedó irremediablemente marcada por la prematura muerte de su amada esposa y la voluntaria entrada en un convento de sus dos hijas. Será en Sevilla, la decadente metrópolis a orillas del Guadalquivir, ciudad que languidece inmersa en el barroco, donde se produzca el desenlace de la narración.
        En definitiva, es una historia entretenida, fácil de leer y seguir, y creo que muy bien ambientada, con un buen conocimiento tanto de la época como de los lugares que visitan los protagonistas.

domingo, 11 de marzo de 2018

ECOS DE SEFARAD

SINAGOGA DE SANTA MARIA LA BLANCA. TOLEDO

Atravesé aquella portada adintelada construida con ladrillo, como el resto de tapial que rodeaba el recinto, y me adentré en un pequeño patio salpicado de enhiestos cipreses. Distraje mi vista en aquel modesto y minúsculo paisaje unos instantes antes de entrar en el templo pensando en la paradoja que me supone leer el nombre cristiano de una sinagoga.
        Cabizbajo, flanqueé la puerta de entrada y me dirigí hasta el centro de la construcción, intentando recibir de una sola vez, y con fuerza, aquel conjunto de sensaciones que se adueñaban de mí y me abstraían cada vez que me abandonaba para deambular por aquella sala. Y… volvió a ocurrir. Pude apreciar la energía telúrica que emanaba de aquel lugar sagrado construido por mudéjares y honrado por judíos y cristianos. Mis sentidos, alertados y concentrados, experimentaron de nuevo aquel cúmulo de soledosas y contradictorias percepciones, extrañas y lacerantes, a la par que cercanas y agradables, grabadas en mi memoria.
 La luz primaveral del atardecer penetraba por las lacerías del murete situado bajo un pequeño tejaroz, aguijoneando las níveas paredes, y el bosque de columnas que sostenían los arcos de herradura y las arquerías ciegas polilobuladas de las alturas, conjunto de albura inmaculada. El barro cocido del suelo, asperjado de cerámicas estrelladas, reflejaba diferentes tonalidades por la claridad tamizada que se colaba inmisericorde a través de las celosías, o que reverberaba en la encalada edificación.
        Por un momento pude escuchar las sabias y expertas instrucciones de los alarifes, las voces roncas de los albañiles agarenos y el repiqueteo de las herramientas que forjaron con minuciosa y docta dedicación aquel inmortal templo.
Pude oír el eco de los jazanes semitas leyendo la Torá desde la bimá; pude contemplar y apreciar la felicidad de las parejas bajo la jupá a punto de contraer nupcias frente al sagrado Hejal, situado tras un suntuoso parojet; pude ver a los hombres ataviados con coloridas y listadas túnicas, con su kipá y su talit como mandaba la tradición; pude observar, al fondo, a las mujeres en su galería con sus ricos y largos vestidos de tonalidades vistosas, y sus cabezas y moños cubiertos por hermosos velos y tocados; pude escuchar el inexorable paso del tiempo, el cruel y tumultuoso asalto a la judería de 1355, las matanzas de 1391 tras las virulentas proclamas antisemitas del Arcediano de Écija, Ferrán Martínez, los sermones incendiarios de San Vicente Ferrer que dieran paso al cierre del templo al culto judaico, a su desaparición como Sinagoga Mayor y símbolo de una cultura, las luchas entre los Ayala y los Silva, entre cristianos viejos y conversos de 1467, y los últimos estertores de la presencia hebrea en la ciudad tras el Decreto de Expulsión firmado por los Reyes Católicos contra la calificada como “perfidia judaica” en 1492; la orden inapelable de abandonar aquella tierra que los había visto nacer y el sórdido sonido de aquella lectura que tuvo que sumir en el desasosiego y la desesperación a aquella, ya marchita, aljama toledana:
…”aviendo avido sobre ello mucha deliberación, acordamos de mandar salir todos los dichos judíos y judías de nuestros reynos”…
Reparé entonces en un cambio en las oraciones, los rezos cristianos sustituyeron a los hebreos, sacerdotes y frailes ocuparon ambones y púlpitos; retablos, vírgenes y santos sustituyeron a la iconoclastia judía. Luego percibí la presencia, de aquellas mujeres, con sus penurias y pesares, mujeres antaño descarriadas, ora arrepentidas, que sanaban sus heridas de cuerpo y espíritu en aquel templo de caridad, en aquel lugar convertido en beaterio por el Cardenal Silíceo, y más tarde pude apreciar el ruido de las rudas botas de la infantería, el olor almizclado e insano de un cuartel militar…
Perdí la noción del tiempo paseando por aquellas cinco naves en que se dividía el recinto sorteando las 32 columnas octogonales que las sustentaban. Me deleité con la contemplación de aquellos arcos de herradura mudéjares ricamente decorados con frisos y medallones, plagados de motivos vegetales y geométricos imágenes de la perfección de la creación divina en la naturaleza, con veneras que se asocian al agua y a la vida, de aquella bella arquería polilobulada de las alturas rematada por las armaduras de madera de alerce; disfruté de aquellos hermosos capiteles con cintas, volutas y piñas, fruta que simboliza la unidad del pueblo hebreo.
        Finalmente, fue al salir, cuando cruzaba de nuevo el umbral de la portada adintelada de ladrillo que daba paso al patio, cuando el gozo de la contemplación de tan extraordinario lugar desapareció súbitamente al aparecer ante mí la visión de la tragedia en toda su extensión...
        La calle estaba ocupada por una larga y dramática fila. Los judíos abandonaban la ciudad, dejaban Sefarad. Con sus coloridas vestimentas, arrastrando con pesadumbre sus babuchas bajo los adarves de su ya añorada judería, guiaban a sus familias en un nuevo viaje, una nueva diáspora. Sus atuendos vistosos contrastaban con la oscuridad y la tristeza que llenaban sus corazones, con la incertidumbre de un nuevo comienzo, de un nuevo futuro. El sonido de una floreciente comunidad se apagaba a medida que se abrían paso los contristados ecos que emanaban de la lúgubre y tétrica columna desarraigada y pesarosa de personas, carros y mulas. “Ecos de Sefarad”
Safe Creative #1803116087113

domingo, 4 de febrero de 2018

LA SOMBRA DEL ÁGUILA, DE ARTURO PÉREZ REVERTE


     No sé las veces que habré leído “La sombra del águila” de Arturo Pérez Reverte. Lo hago de vez en cuando (hoy, por ejemplo) y me sigue divirtiendo. Lo tengo como uno de esos “libros de culto” junto a mi venerada serie de libros sobre el Capitán Alatriste, (el primero de los cuales os presentaré pronto porque lo releí esta semana pasada, ¡una vez más!).
“La sombra del águila” es una breve, pero ágil y densa novela bélica escrita con ese estilo directo y coloquial, salpicado de diálogos y situaciones chocantes tan propias del autor, donde se nos narra una trágica historia humana con una alta dosis de humor y sarcasmo.
        Es una historia ficticia enmarcada en la realidad de la batalla de Sbodonovo en la que la “Grande Armée” francesa se enfrentó al ejército ruso a las puertas de Moscú en 1812. Los verdaderos protagonistas de la novela son los soldados españoles integrantes del segundo batallón del 326 regimiento de Infantería de Línea, reclutado a la fuerza, a punto de desertar en medio de la batalla. El hecho de que esta peculiar y original tropa se dirija en línea recta al enemigo es tomado como un ataque mitad valeroso, mitad suicida, por parte del estado mayor francés. Napoleón decide entonces apoyarlos ordenando una carga de caballería al mando de un parodiado Mariscal Murat.
        La carga-deserción finalmente se convierte en una victoria napoleónica y las tropas francesas entran en Moscú, donde los españoles incluso serán condecorados. Pocos días después la ciudad será pasto de las llamas y Napoleón ordenará la retirada al encontrarse a las puertas del invierno y con un ejército sin víveres. Se produce entonces uno de los desastres militares más grandes de la historia; las tropas francesas serán diezmadas por el frío intenso, la falta de víveres, la hostilidad de la población local, las continuas emboscadas y pequeñas escaramuzas, y las cargas de los cosacos. El autor nos detalla la magnitud de la catástrofe humana y se detiene a relatarnos uno de los momentos bélicos más dramáticos en el cruce del río Beresina. Finalmente, tras la derrota francesa y la caída de Napoleón, un puñado de españoles supervivientes, débiles y enfermos, cruzará los Pirineos regresando a España.
        En resumen, el libro es una sobrecogedora narración de los crudos hechos de guerra enmarcada por el humor presente a través de la variopinta tropa de españoles cabreados deseosos de abandonar el campo de batalla a toda costa y pasarse al enemigo, y la descripción grotesca de las tropas rusas (ejemplo claro es la semblanza que hace de los cosacos o del príncipe Rudolfkovsky) y del alto mando francés. Pérez-Reverte nos presenta una variedad de personajes con sus diferentes personalidades donde sobresale la gran fuerza de Napoleón, al que la soldadesca española apoda como “el enano” o “le petit cabrón”, rodeado de un servil y esperpéntico estado mayor donde divierte el trato caricaturesco con el que nos presenta al Mariscal Murat, (recordemos que fue el artífice de la represión en Madrid del 2-3 de Mayo de 1808 que inmortalizara Goya en: ”El 2 de mayo de 1808 en Madrid o la lucha con los Mamelucos” y en “El 3 de mayo en Madrid o los Fusilamientos”). De la singular tropa española destacan Pedro el Cordobés con su guitarra, el recio y duro Capitán García con sus rudas patillas de boca de hacha y el fusilero Mínguez, homosexual perdidamente enamorado del Capitán, al que defenderá hasta la muerte en el puente del río Beresina.
Safe Creative #1802045687432

domingo, 28 de enero de 2018

EL CARDENAL INFANTE D. FERNANDO DE AUSTRIA.

El Cardenal Infante D. Fernando de Asutria, obra de Anton Van Dyck

        Ante la innata tendencia que tenemos de olvidarnos de nuestros héroes y de aquellos que han protagonizado nuestra historia, sin ánimo de acudir a nostalgias patrioteras (a veces tampoco nos vendría mal), si no solamente de recordar, he pensado abrir una ventana en mi blog a personajes de nuestra larga existencia como país que merecen ser recordados, al menos desde mi modesto y humilde punto de vista.
Cuando el Conde-Duque de Olivares se enteró de lo sucedido en 1634 en Nördlingen, exclamó: “La mayor victoria que se ha visto en estos tiempos”. A muchos no les sonará siquiera ese nombre, ni qué es lo que sucedió allí, ni los protagonistas de aquella victoria de las armas hispano-austríacas, mucho menos el nombre de quién comandaba el ejército español, aquel que se pusiera al lado de su primo Fernando de Hungría (futuro Emperador Fernando III de Habsburgo) para propiciar una severa y definitiva derrota a las armas suecas en la Guerra de los 30 años. Estoy hablando del Cardenal-Infante Fernando de Austria, hermano menor del rey Felipe IV.
        Fernando nació en el Escorial en 1609, un año importante dentro del reinado de su padre, Felipe III, porque es el año en que se firmó la tregua de los 12 años con las Provincias Unidas del Norte, es decir, la parte de Flandes rebelde al poder español, que ya era de hecho independiente, aunque oficialmente no lo lograría hasta la firma del tratado de Westfalia en 1648, al finalizar la Guerra de los 30 años.
        Criado en la etiqueta borgoñona de la corte austríaca, primero de su padre, Felipe III, y luego de su hermano, Felipe IV, el infante pronto sería nombrado Cardenal y Arzobispo de Toledo, con tan sólo 10 años. Lo cierto es que nunca le atrajo la vida eclesiástica, algo que no pasaba con la caza (recordemos el cuadro que pinto Velázquez del Cardenal infante D. Fernando, cazador para el pabellón de caza de la Torre de la Parada y que se puede ver en el Museo del Prado) o con la vida militar. (De hecho, nunca llegó a ser ordenado sacerdote, algo que, según parece, también era habitual entre personas de la realeza y aristocracia que detentaban cargos dentro de la Iglesia)
        En 1632 salió de la corte madrileña para no volver. Tras un breve período como Virrey de Cataluña, donde también fracaso en el intento de conseguir que los catalanes contribuyeran al proyecto monárquico(en esto creo que estamos condenados a repetir nuestra historia cada cierto tiempo), viajó a Italia, vía Génova, como única manera segura de acceder a los Países Bajos utilizando el famoso “camino español” que unía Italia con Flandes y  que atravesaba toda Europa (recordemos que el gran potencial marítimo de las Provincias Unidas del Norte dificultaba cada vez más el socorro de la parte de Flandes española vía Canal de la Mancha) para hacerse cargo del gobierno en sustitución de su tía Isabel Clara Eugenia (hija de Felipe II y otro de esos grandes personajes de nuestra historia) que había regido los destinos de aquella parte de la herencia borgoñona de los Austrias desde 1598 hasta 1633 año en el que falleció (junto a su marido el Archiduque Alberto hasta 1621, fecha de la muerte de éste último)
        El Cardenal Infante pasó entonces a ser una pieza clave del entramado político que se diseñara en Madrid para intervenir en Alemania en la Guerra de los 30 años. Primero se hizo cargo del gobierno en Milán (1633) mientras su gobernador, el Duque de Feria (Gómez Suárez de Figueroa, probablemente nuestro mejor general del momento y otro personaje a recordar) penetraba en Alemania para apoyar al Duque de Baviera y liberar Renania con la toma de Breisach, clave para mantener abierto ese “camino español”, escena inmortalizada por Jusepe Leonardo para el Salón de Reinos de Felipe IV en el lienzo El Socorro de Breisach, uno de esos 12 magníficos cuadros de batallas –se conservan 11- que, con la Rendición de Breda de Velázquez a la cabeza, adornaba las paredes del mítico salón del Palacio del Buen Retiro, algo que seguro que con el tiempo dé para un artículo que tengo pensado escribir (está en marcha el proyecto que pondrá en valor ese antiguo espacio con la práctica totalidad de las obras de arte que lo ornamentaban).
        El Cardenal Infante tardó un tiempo en reunir más tropas para entrar en escena y apoyar al Duque de Feria, quién murió aquel mismo invierno y cuyo ejército prácticamente se desintegró, pero finalmente lo hace uniéndose al contingente de su primo Fernando de Hungría y derrotando de manera rotunda a los suecos en Nördlingen (hecho magníficamente representado por Rubens en su cuadro El cardenal Infante Fernando de Austria en la Batalla de Nördlingen, retrato ecuestre donde destaca el contraste entre la serenidad y el estatismo de D. Fernando de Austria ataviado como comandante militar, respecto al nervio del equino, con la alegoría de la venganza con un rayo en la mano acompañada del águila de los Austrias). Esta victoria provocará el final de la intervención sueca en Alemania y precipita la decisiva entrada de Francia en la Guerra de los 30 años.
        Desde Alemania el Cardenal-Infante se dirigió a Flandes donde fueron espectaculares los desfiles triunfales en Gante, Bruselas y, sobre todo, en Amberes (en estos desfiles se preparaban estructuras efímeras con arcos triunfales, arquitecturas, esculturas y pinturas. En la organización de este último participó Pedro Pablo Rubens, algo que debió de ser digno de ver) Allí se hizo cargo del gobierno e intervino militarmente contra Francia con la toma de la Plaza fuerte de Corbie, cerca de Paris, haciendo saltar todas las alarmas en la corte gala.
Y este es el punto de inflexión en la guerra. A partir de aquí las armas españolas comenzarán a perder terreno; cayeron Breda, Arrás y algunas otras plazas fuertes importantes en Flandes, se produjeron desastres navales de importante calado y se desató la crisis interna en España con el levantamiento de Portugal y Cataluña. Todo ello aceleró el fin del dominio español en Europa.
Paralelamente a esto surgieron ciertos rumores, (recuerda mucho a lo sucedido entre D. Juan de Austria y Felipe II) de que el Cardenal Infante quería independizar Flandes de la corona española con el apoyo de Francia.
En medio de esta situación crítica, D. Fernando cayó enfermo tras una de las múltiples batallas que libró en los Países Bajos y murió el 9 de noviembre de 1641, muy joven, con tan solo 32 años, probablemente de viruela (según Henry Kamen en su libro Poder y gloria. Los héroes de la España Imperial), de una úlcera de estómago dicen otros autores, aunque, como suele ser habitual en estos casos en los que se reúne el componente dramático de la juventud y los enemigos maldicientes de la corte, se habló incluso de que pudo ser envenenado.

N. B.- Los cuadros que cito los dejo enlazados para que se puedan ver si se quiere.

Safe Creative #1801285611443