domingo, 10 de febrero de 2019

PASEOS CON SARA. LETRÁN (2ª PARTE), OMNIUM URBIS ET ORBIS ECCLESIARUM CAPUT ET MATER

Fachada de San Juan de Letrán. Monumental obra de Alessandro Galilei. 1735


      Lo primero que hicimos, tras nuestro breve receso en aquella de cafetería del Viale Carlo Felice, fue regresar al edificio que albergaba la Scala Santa, pasando junto a los restos del triclinio que León III mandara construir para los fastos de la coronación de Carlomagno, para observar, más de cerca, los dorados mosaicos del ábside. Luego entramos…
Scala Santa

        –Y esta es la escalera que dicen que se trajo Santa Elena de Jerusalén, y que era la del pretorio de Pilatos. Los fieles la pueden subir sólo de rodillas. Por los laterales se puede acceder a la Capilla de los Papas sin dejarse las rótulas en el intento –afirmó Sara.
        –Soy un ferviente católico, pero, a mi edad provecta, no son aconsejables estos esfuerzos.
        –Imagino que la artrosis ya habrá hecho estragos en tu senil osamenta –Sara rio.
        –Espero que no tanto, bella doncella.
        –Subamos –concluyó.
        Arriba pudimos contemplar, al fondo de la Capilla de los Papas, aquella imagen de Cristo Salvador a la que tanta devoción tenía Sixto V, tanta que se salvó de su ímpetu destructor junto a la sala que la albergaba. También pudimos leer la frase que mandó poner allí, “Non est in toto sanctior orbe locus” (No hay lugar más santo en toda la tierra). Seguidamente seguimos el recorrido y bajamos por la otra escalera lateral.     
        –Y ahora vamos a la basílica. Veamos la fachada y tanteemos el interior. A lo mejor tenemos que variar algo la visita, los domingos hay más misas, y se ocupa la nave central.
        Seguidamente, cruzamos la calle y nos situamos frente a la fachada del templo, en plena Piazza de San Giovanni in Laterano, lo suficientemente alejados como para tener la perspectiva que Sara quería, dejando las puertas monumentales de San Giovanni y Asinaria a nuestra izquierda.
–La fachada es espectacular. Intenta no observar el conjunto, por unos instantes, imagina que no estuviera el palacio renacentista de Doménico Fontana.
        –De acuerdo, fuera Fontana y su patrón Sixto V –bromeé, Sara sonrió.
        –Bien. La obra fue un encargo de Clemente XII y la llevó a cabo Alessandro Galilei, rematándola en 1735. A mí me encanta. La veo grandiosa, perfecta y equilibrada. Me llaman la atención los juegos de luces y sombras, los contrastes y la alternancia de columnas y pilastras en la vista horizontal, y de vanos adintelados y arcos de medio punto en la vertical. Y luego el majestuoso frontón con esa balaustrada de la que parecen sostenerse de manera inverosímil las enormes estatuas de Cristo Salvador, en el centro, flanqueado por los Santos Juanes, Evangelista y Bautista, y por Santos y Doctores de la iglesia. En el entablamento se puede leer “Clemente XII, Papa, a Cristo Salvador en honor de los Santos Juanes Bautista y Evangelista”.
        –Me gusta. Por cierto, las puertas del centro son enormes.
        –Esas dos robustas puertas de bronce tienen más de dos mil años. Son las de la antigua curia del foro, dónde se reunía el senado romano. Fueron traídas aquí, creo recodar que por el Papá Alejandro VII, en el s. XVII. Ahora, pasemos al interior.
        Tras cruzar un imponente atrio, la Archibasílica se abrió ante nosotros.
San Juan de Letrán. Interior. Nave central
        –¿Qué te parece?
        –Qué me va a parecer. Un espacio grandioso, magnífico, sobrecogedor.
        –Cómo ya te comenté, la primera basílica se erigió en época de Constantino. Actualmente no se ve nada de aquella época, pero parte sigue ahí.
        –¿Y eso?
        –Ahora me explico. Creo que es mejor que avancemos mientras nos lo permita la liturgia y hagamos en lo posible una visita cronológica –Sara me llevó al crucero de la iglesia presidido por un ciborio a todas luces gótico–. Esta es la parte visible más antigua, es del siglo XIV, con influencia del gótico francés ya que en esos momentos los Papas estaban en Avignon. Fue urbano V quien lo encargó, el primer Papa que hizo un intento por volver a convertir a Roma en el centro de la Iglesia.
–Sobre eso leí algo ayer también, acerca de su desencuentro con Santa Brígida cuando el Papa decidió volver a Avignon, y la consiguiente maldición que le vaticinó ella.
–Lo que le dijo sonó bastante a amenaza, cierto. Ella le espetó que si volvía a sacar la sede papal de Roma no le gustaría nada al altísimo…
–¡Pues vaya como se las gastaba la Santa! No hizo más que regresar a Avignon Urbano V y dejó la urbe y el orbe, las diñó en un par de meses. Un poco rencorosa la tal Brigida.
–Eso es verdad. Bueno…a lo que íbamos, dentro de la reja de arriba del ciborio se custodian las cabezas de San Pedro y San Pablo que antes estaban en la Capilla de los Papas que acabamos de visitar en el edificio de la Scala Santa. El ara del altar es una losa que la tradición nos dice que es la misma que usaban San Pedro y los primeros Papas.
        –Ya es casualidad que se conserven tantas cosas –comenté.
        –Realidad o tradición, el eterno dilema con la fe de mediadora. Delante de este espacio puedes ver esta cripta o confesio en la que destaca la tumba de Martín V.
        –Me dijiste que fue alguien importante.
        –Exacto. Tras el abandono de Roma por los papas de Avignon y el cisco que se montó con el Cisma de Occidente, Martín V (Otón de Colonna) fue elegido por unanimidad nuevo Papa en 1417 y, éste, acudió al rescate de una Roma decadente. Se le recuerda como un gran Papa, además de un importante mecenas, restauró y conservó muchos edificios (hizo una especie de inventario de la ciudad) y trajo a insignes artistas a trabajar aquí, algunos tan eminentes como Massaccio o Bellini. Martín V consiguió que se sentaran las bases para que la ciudad acogiera la explosión estética que supuso el renacimiento. Ten en cuenta que cuando regresó de Avignon, en 1420, Roma debía de presentar un aspecto lamentable, con 17000 habitantes, y barrios enteros deshabitados y en ruinas. Recuerda que Roma llegó a tener más de un millón de habitantes en época imperial. A este Papa, le debe Letrán, en especial, el espectacular pavimento de la nave central. Aunque también trasladó la sede del papado definitivamente al Vaticano con lo que Letrán dejó de ser para siempre la sede del sucesor de Pedro.
        –Pavimento cosmatesco también, por lo que veo.
        –Sí, muy bien. Fíjate que está ornamentado, aquí y allá, con los símbolos de la familia del Papa, una columna.
        –Ahora comprendo mejor porqué me mandaste recordar a Martín V antes.
        –La ciudad tiene un gran recuerdo de este Papa, y su tumba está allí abajo cubierta por esa losa de bronce que algunos atribuyen a Donatello, aunque puede que sea de alguno de sus discípulos.
        –El cristal que la cubre no favorece la admiración de la obra.
        –Cierto, pero sí su conservación. Así que nos aguantamos. Ahora…vamos con el transepto. Este espacio fue restaurado por orden del Papa Clemente VIII para el jubileo de 1600. En realidad, el Papa quería acometer la intervención integral del templo, pero las obras se eternizaron. Lo cual a veces no viene mal como es el caso.
        –¿Por qué?
        –Porque así la tarea de restaurar la nave central, el espacio más grande, le cayó en suerte, 50 años después, al excelso arquitecto barroco, Francesco Borromini. Pero no adelantemos acontecimientos. Vayamos con el transepto. Clemente VIII se lo encargó a Jacomo de la Porta. La decoración pictórica fue obra del Cavalier D’arpino. También participaron insignes autores como Gentileschi, Cesare Nebbia o Pomarancio.
        –¿D’arpino, el archienemigo de Caravaggio como me comentaste en San Luis de los franceses?            
–Exacto, Caravaggio trabajó en su taller y luego fueron enemigos irreconciliables. El Cavalier demostró aquí una exasperante lentitud y eso demoró las obras de la nave central. El D’arpino estructuró su trabajo en las paredes en dos registros, la parte de arriba se decoró con rostros de los apóstoles y la de abajo con esas pinturas que simulan ser tapices con escenas de la vida del emperador Constantino; se distinguen perfectamente, el sueño de Constantino, la batalla del Puente Milvio contra Majencio, la donación de tesoros al Papa, la aparición del busto del Salvador al pueblo romano… Fíjate bien, porque son pinturas manieristas con ambientes y figuras forzadas, carentes de proporciones lógicas.
        –El Manierismo me recuerda al Greco.
        –Gran ejemplo, sí señor. En el extremo izquierdo, mirando al ábside, está ese altar con unos restos de madera que dicen que son los de la mesa de la última cena.
–Otra tradición.
–Tradición y fe van unidas. Ese órgano, dicen que es el más antiguo de Roma –Sara me señalo aquel enorme y bello instrumento-. Vayamos al ábside porque allí se perdió uno de los tesoros del Templo.
        –Seguro que fue una pena ­–Sara me llevó lo más cerca posible del cascarón del ábside y de la cátedra de Pedro.
Cascarón del ábside de San juan de Letrán
        ­–Más que seguro. En el S. XIX, Pio IX, quiso llevar el ábside hacia atrás. La dificultad estribaba en salvar el valioso mosaico del cascarón, obra del genial Jacopo Torriti–Sara me miró fijamente interrumpiendo brevemente la narración para que no repitiera el chiste fácil sobre el apellido del autor–… que había rehecho uno anterior del S. V, salvando el rostro del Salvador, imagen de tradición milagrosa; según se decía había quedado impresa en la pared cuando Silvestre I, Papa, había consagrado la iglesia en el 324. Pio IX incluso tuvo en su mesa un proyecto para salvarlo que consistía en una compleja maniobra en la que se construirían unos railes para llevar el conjunto entero hacia atrás. Pero finalmente se desestimó y fue su sucesor León XIII quién tiró por la calle de en medio, encargó un calco y se lo cargó. La reconstrucción, ni que decir tiene que no tiene la gracia ni el valor del original de…
        –Jaco Potorriti. ¡Si es que… me encanta el nombre de ese tipo! –Reí.
        –Era inevitable la bobada. Una vez…pasa, pero la segunda era ya demasiado para ti. Acabaré hablado de él como el Sr. Torriti ya que nos lo encontraremos más por la ciudad, para evitar tus chascarrillos –Afortunadamente mi anfitriona rio conmigo y se agarró a mi brazo­–. Vayamos a la nave central, so gamberro.
        Dejamos atrás la bella cátedra del ábside con el cascarón adornado por los mosaicos no tan buenos como los de Jacopo Torriti pero con la misma escena de la redención presidida por Cristo flanqueado por la Virgen, San Pedro y Pablo, San Juan Evangelista y Bautista, y San Andrés, escena en la que también aparecían, en menor tamaño, San Francisco y San Antonio de Padua, santos franciscanos como el papa que encargara el mosaico, Nicolas IV. Seguidamente Sara me llevó hasta el centro de la nave central.
        –Y llegó Inocencio X Panfili y le encargó a Borromini restaurar la nave central. Le puso una condición fundamental, no destruir nada. Así que el genial arquitecto barroco restauró el bello pavimento cosmatesco de Martin V y encerró las columnas, de época de Constantino, dentro de los espectaculares pilares que vemos ahora.
        –¿Quieres decirme que hay una basílica dentro de otra?
        –En su estructura, sí. Borromini era un artista excepcional. Lo peor que le pudo pasar en su vida fue ser coetáneo de otro genio, quizá mayor que él, Bernini. Borromini quizá fuera el que mejor integraba arquitectura y ornamentación. Diseñó estos arcos verticales que contrastan con la horizontalidad de las hornacinas que sobresalen e invaden la nave central con las monumentales figuras de los apóstoles; para mí esto es lo que más llama la atención al entrar en la Basílica. Sobre las hornacinas hay escenas del antiguo y nuevo testamento y más arriba medallones con figuras de profetas.
        –Me parece monumental, pero no crees que parece que el techo está bajo, como que la nave quedara aprisionada
        –¿Dónde has leído eso?
        –Una cosa es tener el privilegio de tener guía personal y otra venir sin tener ni idea de nada, con la mente desnuda y carente de cualquier información o dato histórico-artístico. Chica…en el fondo también es lo mío. Tú vives de ello, yo disfruto de ello, aunque he de confesar que estando tú, me suelo despreocupar bastante de preparar mis visitas, disfruto demasiado de tus explicaciones –alagué a mi anfitriona y la guiñé con picardía.
        –¡Zalamero guasón! Sigamos… –Sara me obsequió con una de sus miradas intensas y sinceras, aquellas miradas que me habían encandilado–. Cómo seguramente has leído para dártelas de entendido –añadió sardónica­–, Borromini diseñó una grandiosa bóveda de cañón, pero el Papa se opuso a que derribara la espectacular techumbre del s. XVI. Seguramente la nave tendría un aspecto majestuoso y monumental, como no podría ser de otra manera estando por medio Borromini, pero no hubiéramos conocido estos hermosos casetones que conforman la cubierta renacentista. Sí el genial arquitecto barroco se muestra magistral en las pequeñas construcciones como San Carlo a la quattre fontane, que ya te enseñaré, no me puedo imaginar cómo sería en un espacio tan vasto como el de esta nave.
        Continuamos durante unos cuantos minutos admirando los detalles de la nave central, deteniéndonos un buen rato en la contemplación de aquel espacio desde las hojas de bronce milenarias traídas de la curia romana.  Tras un largo paseo, en el que pudimos admirar las naves laterales con espacios tan bellos y monumentales como la Capilla Corsini con el magnífico monumento fúnebre de Clemente XII realizado por Alessandro Galilei, y obras de arte de categoría incuestionable como un fresco de Giotto que representa a Bonifacio VIII proclamando el primer jubileo de la historia en el año 1300, situado en la parte trasera del pilar donde está la hornacina con el espectacular San Mateo, obra de Camilo Rusconi, quizá la mejor de la esculturas de los apóstoles de la Iglesia,
Claustro de San Juan de Letrán
fuimos a descansar un rato al silencioso claustro del S. XIII, un magnífico ejemplo de la obra de la familia Vassalletto, que pasa por ser el más bello y grande de Roma, construido en estilo cosmatesco, con esas columnas retorcidas que le imprimían una sensación de movimiento, no exenta de solidez y que, desde la intervención de Borromini, en el s. XVII, albergaba restos arqueológicos de todas las épocas del complejo. Luego, Sara dio por concluida la visita a Letrán y salimos por el lateral, situándonos en la Plaza de Juan Pablo II para observar la fachada.
        –También es obra de Doménico Fontana.
        –Ya. La reordenación de Letrán de Sixto V. Me ha extrañado que no me hayas dicho nada sobre él en el interior de la basílica. Quizá no le diera tiempo a meter mano al templo. Imagino que tanto el Papa como el arquitecto estaban muy ocupados con reordenar el campo lateranse, abrir calles nuevas, y erigir obeliscos a diestro y siniestro.
Plaza Juan Pablo II. Obelisco de letrán. Palacio de Domenico Fontana a la izquierda. En el centro entrada lateral a la Archibasílica obra de Fontana. A la derecha el Baptisterio de Constantino.
        
       –Probablemente. Lo que sí que es cierto es que retocó algunas cosas del Baptisterio, al que iremos enseguida, construyó el palacio renacentista de la izquierda acabando con los restos del anterior, y mandó hacer esta fachada de dos cuerpos convirtiéndola en la más utilizada por los fieles porque es la que se orienta hacia Santa María la Mayor. Como ves, consta de dos arcadas superpuestas que anuncian el atrio en la parte inferior y la logia de las bendiciones, arriba, ambos espacios están decorados con pinturas. La fachada se culmina con dos campanarios del s. XIII que no eliminaron ni el papa ni su animoso arquitecto. Vamos al Baptisterio, se nos está haciendo la hora de comer.
        Sara me guio hacia aquel, aparentemente modesto, edificio de ladrillo al que accedimos enseguida. El interior era muy diferente al austero aspecto exterior.
        –El edificio no tiene nada que ver con el primitivo templo de Constantino levantado sobre las termas de una casa romana. Fue edificado en el s. V por el papa Sixto III sobre la edificación constantiniana y su aspecto actual se lo debe finalmente a la intervención de Borromini en el s. XVII. Es de planta octogonal con deambulatorio abovedado delimitado por 8 grandes columnas de pórfido de capiteles jónico corintio y compuesto sobre las que se elevan otras de mármol. Está rematado por una cúpula. En el centro hay una gran pila de basalto verde con un remate de bronce del s. XVII.
Baptisterio de Constantino
        –Pues deambulemos por el deambulatorio –comenté con gracejo.
        –Sí, disfrutemos unos minutos del edificio. Luego te llevaré a comer a un sitio que conozco cerca del Coliseo. Preparan unos fetuccine al burro que te encantarán.
        –Desde luego el nombre es sugerente. De burro a burro nos gustaremos.
        –Seguro que sí, pero me temo que burro sólo hay uno, en Italia, burro es mantequilla –Sara me aclaró el término riéndose, me tomó del brazo y me sacó del recinto unos minutos después en dirección a la vía San Giovanni. La imponente vista del Coliseo al fondo enseguida se hizo presente, mientras mi estómago saltaba de alegría ante la idea de comerme aquellos fetuccine al burro, o a lo que fuera menester.

martes, 5 de febrero de 2019

PASEOS CON SARA. LETRÁN (1ª PARTE), OMNIUM URBIS ET ORBIS ECCLESIARUM CAPUT ET MATER.



Monumental fachada de San Juan de Letrán, Roma. Obra de Alessandro Galilei

       Voy a pasar página de lo sucedido aquella tarde-noche de sábado tras visitar la Basílica de Santa María la Mayor. El SPA del hotel, la cena romántica y el postre…entran dentro de la imaginación de cualquiera, también de la mía. Por eso voy directo a relataros lo sucedido la mañana siguiente, tras una reparadora ducha (doy fe que el agua de Roma también está muy fría) y un gran desayuno en el buffet libre del Venetia Palace. Ni que decir tiene que, Sara, mi planificadora turística y guía particular había diseñado un domingo ameno, interesante y muy denso en historia y arte. Paso a contároslo someramente…
        –Creo que será mejor dejar el Vaticano para otro día –Sara comenzaba por descartar aquel lugar con su pragmatismo habitual–. Hoy hay bendición dominical del Papa y más gente de lo normal. Te aseguro que se ve mejor por la televisión. El Papa se dirige a los fieles desde el balcón de sus aposentos en los Palacios Vaticanos y, desde la plaza, no es más que un puntito blanco enmarcado por una mole pétrea anaranjada. Lo que sí es de verdad espectacular y emocionante, es venir a la bendición Urbi et Orbi el día de Navidad. Es un acto muy vistoso por la presencia de tropas de todas las armas italianas frente a la Guardia Suiza Vaticana, todos vestidos de gala, parando ante la fachada de la Basílica tras cruzar la plaza de San Pedro con sus bandas musicales tocando himnos oficiales y marchas militares. Y, por supuesto, lo más importante, recibir la bendición del Papa más cerca, desde el balcón central de la fachada principal de la Basílica de San Pedro; siempre es bonito y reconfortante para quien se siente católico
        –Pues habrá que sacrificarse y venir a Roma en Navidad –bromeé.
        –Hoy había preparado una visita muy especial. Quería llevarte al origen… –Sara cambió de tono de voz y de tema de conversación; me dejó servida la obligada pregunta.
        –¿El origen de qué?
        –Omnium urbis et orbis ecclesiarum mater et caput.
        –Si es que suenas bien hasta en latín ­–me chanceé–, lo malo es que mi nivel en lenguas muertas es tan bajo que me quedé en “urbi et orbi” y en “patris, et filii, et spititus sancti” y, aun así, no sé si lo escribiría o pronunciaría con corrección.
        –¡Qué bobo! Venga, vamos al Trombetta a tomar un café.
        –Me parece que el Trombetta sí que va a ser el origen de todo    –comente jocoso, aquel bar con su sabroso ristretto parecía el cuartel general de nuestras operaciones turísticas, siempre comenzábamos allí.
        Una vez que tomamos nuestro café reglamentario, salimos del bar y nos volvimos a adentrar en Termini para atravesar la estación.
        –Podríamos coger el metro, pero prefiero que vayamos andando, me parece más romántico. –Sara me guiñó.
        –Pues perfecto. Hermosa dama, permítame ofrecerle mi fornida extremidad superior derecha para que pueda asirse –le sugerí con pomposa pedantería, haciendo un aspaviento considerable.
        –Pero que payasete estás hecho. Anda…vamos –Sara se agarró a mi brazo y apoyó su cabeza sobre mi hombro, aparentemente resignada a aguantar mis chacotas. Seguidamente se puso seria y se arrancó a hablar en modo guía turístico–. Pasaremos junto a Santa María la Mayor y recorreremos la Vía Merulana. Como te decía antes en latín, vamos a la “cabeza y madre de todas las iglesias de la ciudad y del mundo”.
        –Hubiese jurado que ese honor lo tenía el Vaticano –comenté profano.
        –Pues no. Ese honor lo tiene, la Archibasílica de San Juan de Letrán. Te haré una breve exposición histórica mientras nos acercamos. Verás, la zona de Letrán se asienta en una parte de la ciudad que en la época imperial estaba en las afueras, poblada por familias pudientes.
        –¿Cómo la colina del Esquilino? Creo recordar que algo me dijiste ayer sobre eso.
        –Algo parecido. Una de esas familias pudientes era la de los Plauti Laterani que vieron como sus propiedades eran confiscadas por Nerón tras caer en desgracia.
        –Nerón no solía hacer “prisioneros”.
        –Exacto. Gran parte del área de Letrán pasó entonces a manos imperiales. Ya a principios del siglo IV, Fausta, la esposa de Constantino y hermana de Majencio…
        –¿Los de la batalla del Puente Milvio? –pregunté.
        –Los mismos. Verás, Fausta era cristiana y prestaba su palacio como lugar para celebrar el culto de su religión, puesto que, como aun sufrían persecuciones, a los cristianos no se les permitía tener templos y se veían obligados a reunirse en viviendas particulares que, ocasionalmente, ejercían de iglesias y recibían el nombre de Domus Ecclesiae. Pues bien, Constantino se dio cuenta de que ya era imposible frenar la expansión de esta religión dentro del imperio e, imagino que, influenciado por su mujer, Fausta, y por su madre Elena, Santa Elena, también cristiana, decidió que era conveniente que se le apareciera una cruz en sueños, quizá fuera verdad, signo bajo el cual saldría victorioso en la batalla que le enfrentaría a su rival y cuñado Majencio, la famosa batalla del Puente Milvio; Constantino no solo venció sino que su enemigo murió ahogado en el Tiber.
        –Muy oportuno el sueño. Aunque por lo que sé, Majencio no estuvo muy espabilado al salir al encuentro de Constantino en vez de atrincherarse en la ciudad.
        –Sí, no anduvo fino Majencio. El caso es que, Constantino se hizo con el poder y en el 313, promulgó el edicto de Milán con el que la religión cristiana dejó de ser perseguida. Es entonces cuando comienzan a construirse las primeras iglesias. Constantino y Fausta donaron su palacio al Papa junto al inservible campamento de Majencio que estaba al lado, que fue destruido, convirtiendo aquella zona en la primera sede de la religión cristiana, formando lo que llamamos el complejo lateranense. Hasta este momento, al no haberse permitido la construcción de templos cristianos no había un modelo de iglesia. La nueva religión buscó en los edificios romanos alguna construcción que se adaptara a sus necesidades y la encontró en la Basílica, edificio puramente civil en el Imperio pero que por su capacidad y amplitud servía perfectamente para congregar a gran cantidad de fieles. Así surgió la primera basílica, la de Letrán, consagrada por el Papa San Silvestre en el 324 d.c. Por eso es el comienzo de todo, Letrán fue durante más de mil años la sede del papado. De hecho, sigue siendo la sede del obispo de Roma, el Papa, y es territorio vaticano, es una zona que goza del derecho de extraterritorialidad, como otros palacios y templos en Roma, todo esto se acordó en los Pactos de Letrán en febrero de 1929, entre la República italiana y el Vaticano –En aquel momento, el obelisco de Letrán ya se anunciaba al final de la calle–. La historia de Letrán está muy unida a incendios, saqueos, terremotos, abandonos…etc. Con la llegada de los bárbaros fue devastada; primero entraron los visigodos de Alarico y luego los Vándalos de Genserico haciendo saña especialmente en esta zona famosa por sus riquezas. Tras la caída del Imperio romano en el 476, las diferentes tribus bárbaras se pasearon por Europa luchando entre sí sin que hubiera un poder preponderante. Esto se prolongó hasta la llegada de Carlomagno, el Papa León III le coronó emperador aquí en Roma el día de Navidad del año 800. Enseguida veremos los restos de uno de los salones que mandó construir el Papa para acoger los fastos que acompañaron a esa ceremonia, en un lateral del edificio que alberga la Scala Santa, que la tradición dice que eran las escaleras del pretorio de Pilato, las mismas que transitó Cristo en la pasión, aunque no hay una base histórica que lo avale, como muchas otras cosas relacionadas con las reliquias. ¿Te cansas?
        –No, al contrario. Estoy desempolvando algunos conocimientos y archivando muchos otros. Sigue.
        –Tras este paréntesis carolingio en el que la iglesia se vio protegida por el poder de los francos comenzó una prolongada decadencia en Roma, primero saqueada por los musulmanes y luego consumida por intensas y continuas luchas nobiliarias. La ciudad se despobló y se hizo muy peligrosa, incluso recibió el apodo de Roma Turrita, porque estaba llena de torres defensivas, cada palacio, cada familia poderosa fortificaba sus posesiones aprovechando a veces las ruinas romanas. La puntilla fue el traslado de la residencia del papa a Avignon en Francia entre 1309 y 1377 (ciudad que pertenecía a los estados pontificios) y el cisma de occidente que vino a continuación, entre 1378 y 1417; durante 40 años hubo dos papas con sede en Roma y Avignon, algún tiempo, incluso tres. Por fortuna, en el Concilio de Constanza se eligió a Martín V como único Papa y se acabó el problema. Recuerda este nombre porque es importante
        –Ok. Archivado Martín V como personaje importante en Letrán.
        –Martín V regresó a Roma en 1420, si no recuerdo mal, y se encontró con que Letrán estaba en un estado ruinoso. Entonces decidió instalarse en el Vaticano, fue el definitivo cambio de la primera sede de la cristiandad. El peso de la tumba de Pedro inclinó la balanza a favor del Vaticano; se había convertido en el principal centro de peregrinaje del mundo cristiano. No olvides que San Juan de Letrán no es un templo martirial, no se erigió sobre la tumba de algún santo o mártir, de hecho, se consagró a Cristo Salvador aunque, con el tiempo, también se dedicaría a los santos Juanes, evangelista y bautista, como reza en su fachada –En aquel momento Sara interrumpió su extensa narración mientras cruzábamos la Piazza San Giovanni in Laterano para detenernos junto al monumental Obelisco­–. Y llegó el pontificado de Sixto V…
       Obelisco, Palacio renacentista de Doménico fontana a la izquierda, fachada lateral de la basílica con la logia de las bendidiones y las torres medievales, y Baptisterio a la derecha. Plaza Juan Pablo II
    –¡Hombre!  Mi admirado e hiperactivo Sixto V con su sufrido arquitecto Doménico Fontana. Leí ayer en un folleto que el tal Fontana no era un gran artista, pero que era un tipo con gran capacidad técnica y de trabajo, alguien muy serio, constante y cumplidor, que le vino al Papa como anillo al dedo.
        –Leíste bien. Sixto V convirtió Roma en la envidia de las ciudades del s. XVI. Era un hombre que actuaba sin contemplaciones, destruyó tanto como construyó. En el caso de Letrán, abrió este espacio a la ciudad con amplias avenidas como la Vía Merulana por la que hemos venido que la une a Santa María la Mayor o la Vía San Giovanni in laterano que lleva al Coliseo.    
        –Y se dedicó a señalizar los lugares importantes de Roma a base de obeliscos. Un poco caprichoso, costoso y llamativo, ¿no? –pregunté con cierta gracia.
        –Estaba obsesionado con los obeliscos. Alguien le recordó que éste en concreto estaba desaparecido y lo mandó buscar.
        –Y lo encontró por lo que veo.
        –Cierto. Este es el obelisco más alto y el más antiguo de los erigidos en Roma. Tiene más de treinta y cinco siglos. Proviene de la ciudad de Tebas y llegó aquí traído por el hijo de Constantino. Su padre quería llevarlo a Constantinopla y construyó un enorme barco para ello, aunque no llegó a ver su idea hecha realidad. Finalmente, su hijo lo instaló en la Spina del Circo Máximo a los pies de la colina del palatino.
        –El circo más grande del mundo.
        –Exacto. Algún autor ha llegado a estimar en 300.000 personas su capacidad. Pero ya iremos por allí… Te decía que hallaron el obelisco bajo varios metros de sedimentos y partido en tres. Fíjate que se pueden ver las cicatrices de su ensamblaje.
        –Y Fontana se encargó de traérselo dando un paseo –ironicé pues la distancia era considerable tratándose de aquella mole.
        –Sí, no sin antes quitar de aquí la estatua de Constantino, bueno…en aquel momento se pensaba que era la estatua de Constantino, hoy sabemos que es la de Marco Aurelio; se la llevaron a la colina capitolina, se puede ver dentro de los museos capitolinos, han dejado una réplica a la intemperie en la Piazza del Campidoglio. Y en la base del obelisco hay escrita una frase que me ayuda a presentarte otro edificio “Constantinus a silvestro hic baptizatus”. Ese edificio octogonal de ladrillo es el baptisterio de Constantino, como reza la frase, bautizado aquí por el papa Silvestre.
        –Nada espectacular. Al menos por fuera.
        –Sí. Por dentro cambia la cosa, te lo aseguro. Luego iremos. Al principio los baptisterios estaban separados de las iglesias, ocupaban edificaciones individualizadas. Son típicos de los primeros momentos del cristianismo postconstantiniano. Son edificios de planta circular o poligonal que se erigían bajo la advocación de San Juan Bautista.
        –Muy lógico –afirmé.
        –No sé si habrás visto alguno.
        –El del Duomo de Florencia.
        –Precioso. Eran construcciones dedicadas exclusivamente al bautismo, cuando éste se realizaba por inmersión; una enorme pila se situaba en su centro. Pero sigamos…Por toda esta zona se ven restos del lienzo de la imponente muralla Aureliana, también del acueducto Aqua Claudia. Vamos, dejemos la Basílica para luego. Ahora paseemos por los alrededores.
        Sara me llevó hacia la fachada principal de la Basílica.

        –El palacio renacentista que acabamos de rodear, que está adosado a la basílica es obra de Sixto V y Doménico Fontana. Ahora es la sede del obispado del Roma y forma parte también de los Museos vaticanos. Tiene una visita guiada interesante, es en italiano, pero se comprende perfectamente, al menos con el guía que me tocó en suerte, dijo que se le entendería y así fue. Sixto V derribó lo que quedaba del anterior palacio papal. De hecho, lo único que queda en pie es parte de ese edificio de allí ­–Sara me señalo hacia la izquierda–. Sixto V conservó lo que era la capilla de los Papas a la que tenía gran devoción por albergar una figura de Cristo Salvador que la tradición asegura que no está hecha por mano humana. En esa capilla mandó poner la siguiente frase “Non est in toto sanctior orbe locus”, (no hay un lugar más santo en toda la tierra). En esta capilla también se veneraban las cabezas de San Pedro y San Pablo, ahora en el interior de la Basílica. Y para subir a la capilla, trasladó lo Scala Santa y la puso allí.
Scala Santa. Restos del triclinio de León III abajo.


        ­–Aquella del pretorio de Pilatos.
        –Exacto. Y si recuerdas los triclinios que te comenté que había hecho construir León III para la coronación de Carlomagno. Pues ese espacio con esa bóveda es lo único que queda de uno de ellos –Sara me los señaló en la parte de atrás del edificio de la Scala Santa­–. Si te das la vuelta verás un lienzo de la imponente muralla aureliana con las monumentales Puertas de San Giovanni y Asinaria.
Porta de San Giovanni y al fondo la Parta Asinaria
        –Debía de ser una muralla espectacular.
        –Lo era y lo es, son muchos los tramos de lienzo amurallado que aún están en pie. De los 19 Km de los que constaba se conservan algo más de 12. Ayer vimos algún espacio en torno a la Porta Tiburtina no muy lejos de Termini. Aquí hay una zona espectacular amurallada entre Letrán y Porta Maggiore, puerta que construyera el emperador Claudio para monumentalizar la llegada del acueducto Aqua Claudia a la ciudad que pasa tras la Basílica de Santa Croce in Gerusalem. Un paseo muy recomendable. Y este es un monumento a San Francisco. El nombre del de Asís está muy ligado a Letrán porque aquí vino para solicitar del Papa permiso para fundar la orden franciscana, lo cual fue todo un acierto.
Monumento a San Francisco
        –¿Y eso?
        –Hay quien cree que Francisco obró con mucho tino al ponerse, desde el primer momento, bajo la autoridad papal. Si comparas su ideario con el de algunas herejías de la época…no hay tantas diferencias. Pero al final, el papa Inocencio III aprobó la regla franciscana. Y ahora vayamos a ver los interiores de basílica, baptisterio y Scala Santa, al menos, lo que podamos. Los domingos, las celebraciones litúrgicas obligan a cambiar las visitas. Pero nos arreglaremos.
        –Seguiré bebiendo de tus explicaciones, aunque me haría falta desbeber algo antes –bromeé sin obviar cierto apuro fisiológico ya. 
         –Se va notando la edad, ya empiezas con la incontinencia, ¿te has mirado la próstata? –Sara rio y me señaló una cafetería cercana en el Viale Carlo Felice, frente a los jardines del mismo nombre que unían Letrán con Santa Croce in Jerusalem. Cruzamos la calle e hicimos un receso; con ristretto, por supuesto.

domingo, 27 de enero de 2019

PASEOS CON SARA. NIEVE EN EL ESQUILINO


Basílica de Santa Maria la Mayor de Roma


El mediodía de aquella interesante mañana de sábado se nos había echado encima recorriendo la vasta área que albergara las gigantescas termas de Diocleciano. Al llegar a la puerta de la iglesia de San Bernardo alle Terme, construida sobre un espacio circular que ocupaba una de las esquinas del complejo termal, nos encontramos con que estaba ya cerrada.
         –Podemos hacer una cosa, no tan joven aprendiz –Sara se chanceó de nuevo­–. Ya que me interesa mucho que veas el interior de San Bernardo (es una especie de mini Panteón de Adriano) y ahora ya no podemos, hagamos una parada para comer algo. Luego volveremos a la colina del Esquilino para pasar la tarde allí. Ya prepararemos un recorrido que se inicie en esta misma plaza que incluya San Bernardo, Santa Susana, Santa María de la Victoria y la Fuente del agua feliz, y nos lleve finalmente al Quirinale; hay varias cosas muy interesantes de camino, como San Carlo alla quattro Fontane o Santa Andrea al Quirinale; Borromini frente a Bernini, nunca mejor dicho.
         –Dado que este aprendiz no llegará a émulo de su maestra nunca, mejor dejaré todo lo relacionado con turismo en tus manos, por la cuenta que me trae.
         –¿Cansado? –Sara creyó leer eso en mis palabras.
         –De hacer turismo no, de ti… un poco –Sara me dio un cariñoso puñetazo en el hombro por mí atrevida y jocosa afirmación, se aferró a mi brazo y me llevó hasta una pizzería situada en la misma Piazza di S. Bernardo. Tras comer frugalmente, regresamos a Termini para divertirnos de nuevo en el Trombetta con su camarero, y disfrutar de su aromático y denso ristretto. Luego, sin prisa, pero sin pausa, volvimos a curiosear por los comercios de la estación hasta que Sara volvió a hallarme obnubilado ante el escaparate de la tienda de bombones que había visto por la mañana.
         –Vamos, nos espera la espectacular Basílica de Santa María la Mayor.
         –Te advierto que no me iré de Roma sin un buen cargamento de chocolate. Estoy pensando en comprar un bombón de cada variedad, mejor dos, uno para cada uno.
         –Sería bien recibido el detalle por la guía –Sara me guiñó–. Ambos salimos poco después de Termini en busca de la cercana via Guiberti que nos llevaría hasta la fachada de la Basílica.
         Por el camino, Sara me fue poniendo en antecedentes…
         –Ya te comenté antes que la colina del Esquilino estaba fuera de la ciudad hasta le época de Augusto. En esta zona se ubicaban diversas villas pertenecientes a familias pudientes. Pero vayamos al origen de la Basílica y, para ello, volveré a acudir a las leyendas. Dicen que en el año 358 d.c., la Virgen se le apareció en sueños a un Patricio, de nombre Juan, y le pidió que edificara una iglesia en su nombre en la zona de Roma que apareciera nevada aquella noche. Lo curioso es que dicen que el mismo sueño tuvo el Papa Liberio el mismo día. Se organizó entonces una procesión que les llevó hasta la colina del Esquilino que era el lugar que había aparecido nevado en plena canícula romana, un 5 de agosto.
         –Un milagro evidente, en agosto aquí se tienen que asar los pajaritos –bromeé.
         –La tradición dice que el Papa Liberio dibujó sobre la nieve la planta de la primitiva iglesia.
         –Y eso fue lo que inspiró a Murillo para hacer los fantásticos cuadros para Santa María la Blanca de Sevilla que hoy están en el Museo del Prado, unas pinturas excepcionales –añadí rememorando aquellas extraordinarias obras de arte.
         –Correcto, mi aventajado discípulo; unos lienzos magníficos. Y esta leyenda da origen al culto de Santa María de las Nieves en pleno agosto que tanto arraigo ha tenido en la cristiandad.
         –Sabía un poco de esta historia por los cuadros de Murillo. En pleno centenario del pintor es difícil abstraerse de algunas noticias; Sevilla merece una visita por ello.
         –Habrá que ir a Sevilla entonces.
         –Y al Museo del Prado. Lo del centenario del museo tampoco hay que perdérselo.
         –Prepararemos sendos viajes entonces. –Sara me guio hasta la enorme columna erigida sobre un monumental podio que presidía la plaza de Santa María la Mayor.
         –Esta es la única columna que se conserva de la Basílica de Magencio en el foro. Tiene 14 metros de altura y la situó aquí, sobre este gran podio, Carlo Maderno por orden del Papa Pablo V Borghese. La remata una estatua de la Virgen con el niño, como no podía ser de otra manera en este lugar. Detrás queda la Vía Merulana. Si no fuera por los árboles, se vería, al fondo, el obelisco de San Juan de Letrán.
         –Ya pensaba yo que esto también era obra del hiperactivo Sixto V y de su sufrido arquitecto Doménico Fontana.
         –Pablo V tampoco se quedó manco con sus proyectos y obras.  Acabó por fin el vaticano; en la fachada se puede leer su nombre en letras monumentales. Fue un buen Papa en general, favoreció las artes y la fundación de instituciones de caridad y educación, y canonizó a algunos santos famosos que nos atañen como españoles, fue el caso de Santa Teresa de Jesús, a los jesuitas San Francisco Javier y San Ignacio de Loyola, o al castizo San Isidro labrador.
         –Aceptamos “buen Papa hiperactivo” como respuesta entonces –no pude evitar el chascarrillo.
         –Ahora, date la vuelta que vamos a admirar la fachada mientras te cuento alguna cosa sobre esta imponente construcción. Verás… Santa María la Mayor es una de las cuatro Basílicas Mayores, junto a San Juan de Letrán, San Pedro del Vaticano y San Pablo Extramuros.
         Fuori le mura para los italianos.
         –Exacto. En Año Santo, quien las visita, se gana el jubileo tras cruzar la puerta santa de todos los templos. La iglesia primitiva, del siglo IV, la que mandara edificar el papa Liberio fue arrasada durante la invasión de los visigodos de Alarico en el 410. Sobre ella se erigió una nueva en época de Sixto III, ya en el siglo V. Este templo es el único que conserva la planta basilical tardoromana; las otras tres basílicas mayores la perdieron. A lo largo de la historia, la iglesia sufrió algunas transformaciones, abandonos y reconstrucciones hasta llegar a este espectacular estado actual. En cuanto a la fachada, destaca el campanario medieval de 75 metros de altura, el más alto de Roma. El resto se lo debemos, en gran parte, al Papa Benedicto XIV y al arquitecto Ferdinando Fuga. Al parecer, hacia 1740 la fachada se caía y se le ordenó intervenir. Fuga, no restauró, sino que hizo una nueva fachada, la que ahora puedes ver, respetando los mosaicos de la logia que son medievales y de gran valor. Si nos da tiempo subiremos a verlos. Entremos.
         El monumental atrio albergaba una estatua de Felipe IV, nuestro Rey Planeta. Sara debió de detectar mi extrañeza.
         –El templo está muy ligado a la corona española, siempre estuvo bajo su protección. De hecho, el rey emérito sigue siendo protocanónigo de la basílica y la iluminación es obra de Endesa; permite apreciar su extraordinaria decoración con un ahorro impresionante de energía.
         –El tema de las luces led, imagino.
         –Sí. Hace ahora un año, en enero de 2018, D, Juan Carlos y Doña Sofía inauguraron la iluminación. No debes olvidar que él nació en Roma, incluso fue bautizado en esta ciudad por el Cardenal Eugenio María Giuseppe Paccelli.
         –¿El que luego fuera Pio XII?
         –El mismo. Pasemos al interior y verás de lo que te hablo.

         Al entrar en la basílica me estremecí. La iluminación seguro que tenía mucho que ver pues hacía destacar sobremanera los dorados del techo y los de los mosaicos y el baldaquino de la zona del ábside. Una interminable sucesión de columnas definía el grandioso espacio de la monumental planta basilical.
         –Con la nueva iluminación se comprende aún más aquello que decía la tradición que exclamaban los romanos al entrar en el templo: “¡Santa María es toda de oro!” –apuntó Sara con erudición.
         –Imagino que exageraban un poco, aunque razón no debía faltarles.
         –La leyenda dice que el oro que decora la techumbre de casetones renacentista, obra de los hermanos Sangallo, fue donado por la corona española y procedía del primer metal precioso llegado de américa. Las columnas jónicas de fuste liso y mármol veteado probablemente sean de la antigua basílica de Liberio o de alguna edificación de época romana, y delimitan el espacio de la nave central respecto de las dos laterales y sustentan un entablamento con un tesoro de valor incalculable, los mosaicos romanos del siglo V con escenas de la biblia.
         –O sea que lo que admiramos en algunas excavaciones, aquí lo encontramos allí arriba.

         –Exacto. Se conservan 27 de los 42 paneles originales. También el arco triunfal tras el baldaquino, llamado arco de Éfeso, contiene mosaicos de esa época, la de Sixto III. Recibe ese nombre porque conmemora las conclusiones del famoso Concilio de Éfeso (431) en el que se proclamó que la Virgen era madre de Dios, Theotokos, no sólo de Cristo como hombre; no olvides que Éfeso fue la ciudad en la que la Virgen María pasó sus últimos años de vida. Por eso este arco está decorado con temas marianos; todas las escenas están relacionadas con la infancia de Jesús para remarcar el papel de madre de la Virgen; la adoración de los magos, la matanza de los inocentes, la presentación en el templo…etc. Falta el nacimiento de Cristo que se cree que desapareció con la ampliación del ábside, hoy ocupado en su media cúpula con mosaicos medievales presididos por ese medallón central que contiene la coronación de la Virgen por su hijo sobre un cielo estrellado. Cristo lleva en su mano izquierda un libro en el que se lee una inscripción fundamental para entender la escena, “ven mi predilecta y te sentaré en mi trono”; Cristo comparte por tanto su trono y su gloria con su madre. El mosaico es obra del famoso Jacopo Torriti.
         –¿Potorriti? Un nombre sugerente a la par que un poco irreverente para un artista que trabajó para la iglesia ¿no? –pregunté sin poder evitar la estulticia.
         –No seas guarro, es Jacopo Torriti –me reprochó mi Cicerone.
         –El baldaquino estorba un poco, ¿verdad? –cambié mi discurso volviendo al arte.

         –Es una monumental obra del Ferdinando Fuga también. Bueno…son modas. En el barroco se edificaron muchos baldaquinos para resaltar la parte más importante del templo, el presbiterio. Aquí impide apreciar el valor de los mosaicos, aunque, acercándonos, lo solucionaremos. Las columnas de pórfido que lo sustentan puede que fueran reutilizadas del viejo pórtico de entrada y fueron decoradas con esas hojas doradas en el S. XIX.
         Dedicamos un buen rato a pasear por el interior de la basílica dónde Sara me fue explicando la evolución de la construcción y su decoración. El fondo del ábside lo presidía una pintura sobre la adoración de los pastores de Francesco Mancini. Bajo el altar, en la confesio, pudimos ver una enorme estatua de Pio IX, quien instaurara el dogma de la Inmaculada Concepción, y la urna, obra de Giuseppe Valadier, con los restos del pesebre de Cristo. Después, subimos a la nave central y volvimos a admirar los mosaicos de los entablamentos, del arco de Éfeso y del ábside. Luego le pregunté por el cuidado y llamativo suelo.
         –En la Roma medieval se desarrolló esta forma de elaboración de suelos. Fue la familia de los Cosmati quien dio su nombre a esta manera de trabajar, por lo tanto, estilo cosmatesco. Reciclaban mármoles de las construcciones romanas para formar estas figuras geométricas en los suelos de los templos. Ahora démonos un paseo por los laterales.
         En la parte de la derecha de la nave entramos en la Capilla Sixtina, construida por Sixto V que recoge en su interior una antigua capilla medieval construida por Arnolfo di Cambio y que contenía las reliquias del pesebre a las que ese Papa era muy devoto. La capilla alberga en su interior la tumba de Sixto V y la de Pio V en un estilo aún renacentista. A su lado pudimos ver el bello sepulcro del cardenal Gonzalo Garcia Gudiel, obra de Giovanni di Cosma, una llamativa tumba propiamente gótica con arquitecturas, escultura y mosaicos. Cerca de allí, una simple losa daba testimonio del enterramiento del gran escultor del barroco, “Ioannes Laurentium Bernini decus artium et urbis hic humiliter quiescit” (Juan Lorenzo Bernini, gloria de las artes y de la ciudad, aquí yace humildemente).
En el lado izquierdo de la nave, Sara me destacó someramente varias cosas. En primer lugar, la Capilla gemela de la Sixtina, la Capilla Paulina, una construcción ya barroca a pesar de ser únicamente 25 años posterior a la Sixtina, con la pintura de la Salus populi romani, una pintura de estética bizantina muy venerada en Roma por haber salvaguardado a la ciudad de azotes y plagas. Luego pasamos por la Capilla Sforza, para admirar finalmente una bonita escultura de la Regina Pacis volviendo a la nave.
–Creo que estoy saturado de información artística.
–Pues yo apuesto por volver al hotel y aprovechar el SPA, aunque antes rodearemos la Basílica, las vistas nocturnas del ábside decorado por Carlo Reinaldi desde la Plaza del Esquilino con otro obelisco…
–No me digas más, otro de los de Sixto V.
–Sí. Vamos. Merece la pena, te lo aseguro. Permite ver las cúpulas de las capillas Paulina y Sixtina en toda su extraordinaria dimensión
–Me temo que la guía volverá a tener razón, así que un último esfuerzo seguro que merecerá la pena –añadí resignado por el cansancio, pero convencido de que pondríamos así un excelente broche artístico a una extraordinaria jornada de turismo.

–Además…nos podemos pasar por el Big Ben.
–No estoy yo para ir a Londres ahora –apunté con cierta gracia.
–Vamos, quejica tontaina, es un bar pastisseria que hace esquina entre la Vía Liberiana y la Vía de Santa María la Maggiore.
–Eso ya me suena mucho mejor, hermosa y sabia Cicerone.
–Anda…Tira para allá –Sara levantó su brazo en ademán de ir a darme una cariñosa colleja. Ambos reímos y, divertidos, nos dirigimos a la Plaza del Esquilino para rematar nuestra extensa y fructífera jornada turística.